Viaje a Francia en 2016

viernes, 16 de octubre de 2015

Un día 16 de octubre de 1854 nació O. Wilde. En su tumba: Graffiti con amor: da mi basia mille, deinde centum, dein mille altera, dein secunda centum, deinde usque altera mille, deinde centum. Reedición de entradas.

“El ataúd era barato, y el coche fúnebre, de aspecto lastimoso…Cuatro carruajes siguieron al coche fúnebre (llevaba el número 13). Gide dijo que siete personas siguieron el ataúd, pero Miriam Aldrich dijo que eran catorce, incluida ella misma...Cuando se bajó el ataúd, Douglas casi se cae a la tumba... Fue enterrado en la tumba decimotercera de la fila séptima de la sección decimoséptima en Bagneux…Las humillaciones de Wilde habían terminado... Los restos de Wilde fueron trasladados de Baigneux al Père Lachaise cuando se levantó aquí el famoso monumento funerario de Epstein, en 1909. Cuando Ross murió, en 1918, en su testamento pidió que sus cenizas fueran puestas en la tumba, lo cual se hizo. El monumento lleva una inscripción de la Balada de la Cárcel de Reading:
And alien tears will fill for him/Pity’s long-broken urn/For his mourners will be outcast men/And outcasts always mourn
Ellmann, Richard, Oscar Wilde, Edhasa, 1990, p. 660-662 y 666.


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“Una avenida de olmos sin hojas en el Père Lachaise y de repente algo que se asemeja a una fortaleza o un castillo, y allí pegado, acurrucado, un ser con forma de pájaro y cara de hombre…Con su otra ala, que por lo tanto no veo, está adherido a la pared de la tumba, de modo que tampoco sé si en esta ala …está el mismo texto que figura en la que observo, una información sobre el pájaro tan peculiar que está enterrado aquí y que fue demasiado impetuoso y colorista  para su hipócrita época”.
Nooteboom, Cees, Tumbas de poetas y pensadores. Fotos de Simone Sassen, De Bolsillo, 2009, p. 324.

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1892. 1er janvier. “Wilde ne m’a fait, je crois, que du mal. Avec lui, j’avais déappris de penser”. (Gide, A, Journal, Folio, 2012. p. 45)


Hace unos meses Wilde me aparecía casi allá por donde me ponía a curiosear. Primero, en una anotación del Journal de A. Gide, la que encabeza este párrafo; después, en una reseña de la Revista de libros sobre la traducción de sus ensayos y en el estudio de la larga enfermedad que sufrió su mujer, Constance Lloyd. ¿Por qué Oscar Fingal O’Flagertie Wills Wilde no le dejaba pensar a Gide? Parafraseando a R. Longhi sobre El Greco, Wilde quizá es demasiado deliciosamente poético para ser olvidado, demasiado personal para ser principio de una nueva tradición (Breve pero auténtica historia de la pintura italiana, La balsa de Medusa, 1994, p.130). La brillantez de sus síntesis en forma de aforismo deslumbra tanto que ciega la razón, porque está todo tan definitivamente condensado que se le quitan a uno las fuerzas y las ganas de glosar o vagabundear por los matices que la cuestión pudiera plantear. Deslumbra, como un perfecto eslogan publicitario de neón intelectual. También cansa.
Seguramente, Wilde nunca formará parte del canon de los cánones. El Retrato de D. Gray, por momentos, se me cae de las manos, que suelen ser bastante firmes. Mi recuerdo más intenso está ligado a la descripción de la ciudad al amanecer cuando los afortunados vuelven a casa y los desgraciados, bocata en faltriquera, acuden al trabajo.
Parte de la poesía, algún espléndido cuento, sus ideas, tal vez eso es lo que haya legado al porvenir. Y sobre todo su sufrida coherencia, lo que hace creíbles a las personas, predicar o espantar con el ejemplo: Cristo dandy, Mandela esteticista, mártir victoriano, personaje de Coetzee, su dignidad hizo que, a partir de 1985, su tumba del Père Lachaise se llenara de besos, y que, tras la restauración de 2011, los paneles protectores del mausoleo volvieran a llenarse de altera mille basia.

Merlin Holland, nieto del escritor, señaló con razón el día de la inauguración de la tumba restaurada, poco antes de que se volviera a llenar de besos,  cómo el "Graffiti tends to be protestatory. Other graves of people who are admired tend to get little bits of paper with notes scribbled and flowers. The kissing phenomenon is reserved entirely for Oscar. [I am] deeply touched that this man who had been … hounded out of England is now adored by all his fans. But the destruction of the monument was terrible. It was such a mess … this is just not the way to show your love for him."

miércoles, 14 de octubre de 2015

(Sin) recambios G. Alix. La exposición del Musac: Pecios del buque Verdad

Advertencia: Salvo indicación expresa,  las fotos que aparecen en la entrada no son sino malas instantáneas hechas por mí de los originales expuestos en el MUSAC (León)

ALBERTO GARCÍA-ALIX. Chopper (2014). Ed. 2015. Cortesía del artista.ALBERTO GARCÍA-ALIX. Chopper (2014). Ed. 2015. Cortesía del artista. Fuente: Musac

En las sombras neogóticas de los chasis, en las divinidades, nuevas Ateneas, que nacieron armadas de coqueto casco, bandid@s jainitas del aire, o en aquellas diosas que evocan una especie de elegante Swinging Madrid de extraradio; en los monarcas de arrabal, en las reliquias de

ALBERTO GARCÍA-ALIX. Fred (2010). Ed. 2015. Cortesía del artista.ALBERTO GARCÍA-ALIX. Fred (2010). Ed. 2015. Cortesía del artista. Fuente: Página web del MUSAC

IMGP5631una escatología descreída, cetros aceleradores, cables látigo que hacen rugir o pastar a los caballos; en las motos,  -que más que ruidosos y anodinos ingenios mecánicos parecen proyectos perfeccionistas de otra manera de vivir- toma cuerpo el hermoso espejismo de una melancólica pero decidida y refinada voluntad de distinción, intento, tal vez ensimismado, de escapar a un universo paralelo. Tienen algo los moteros de Alix del anhelo de la caballería tardomedieval, poblada por personajes obcecados en mantener códigos a contracorriente, en poner quilómetros de distancia, reales y figurados, frente a una realidad alienada insoportable. Comparten todos ellos una hermosa añoranza inútil de libertad, de búsqueda quizá reaccionaria de desalienación. Quién sabe si los moteros no harán votos como los de los caballeros errantes, dispuestos a mantener un ojo guiñado hasta el final de una batalla o a no bajar de su montura hasta no tomar Jerusalén, quién sabe qué apuestas harán los moteros, empeñados quizá  en no meter la primera marcha hasta llegar a Finisterre o en resolver dameros malditos sobre la moto. Su vida es al cabo expresión tardía de un anhelo de santidad sin dios, último refugio heroico.

El artista rebelde busca las formas alternativas de vida en los intersticios por los que se cuela algo distinto de la maldita globalización uniformizadora impuesta por capitalismo liberal rampante. Pasolini, por ejemplo, durante un tiempo, quiso buscar esa sal de la tierra en el subproletariado emigrante del sur al norte de Italia. Creía que “aquellos marginados del incipiente estado del bienestar habían logrado preservar una inmensa potencia política capaz de desafiar la cultura capitalista” (1). El universo de Recambios Alix parece menos consciente, menos politizado, pero al tiempo más sentido, más vivido en primera persona.  De la tribu de la que rescata vestigios fotográficos le interesara tanto la ética como la estética, la parafernalia tanto como las densas relaciones sociales de sus miembros. Enternece esa especie de sagrada familia motera, padre a cuestas con el retoño ligeramente sobrealimentado, con unas patolas que dan ganas de comérselas. Si sustituimos la moto por el burro, casi parece una parada del camino hacía a Egipto, un camino que en este caso lo es todo.

ALBERTO GARCÍA-ALIX. Castellón 40 (s.d.). Cortesía del artista.ALBERTO GARCÍA-ALIX. Castellón 40 (s.d.). Cortesía del artista. Fuente: Página web del MUSAC

Y enternece estéticamente, en este caso, lo que parece un  autorretrato con barba de unos días y nariz tostada, radios como ideas, quizá porque es el epítome del ideal de rigurosa existencia inquieta que mueve a estos 

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nuevos caballeros andantes con el paraíso entre las piernas, no se sabe bien si a la búsqueda o huyendo de entuertos y enredos. Ay, qué querrán ser si un día despiertan de su locura. Don Quijote proyectó hacerse pastor, pero no le dio tiempo. Entre tanto, Alix encuentra pecios de la verdad de la vida en sus usos y costumbres. Una certeza tengo, en los ratos de insomnio, a menos que se hayan vuelto locos de remate, estos nobles no se imaginan a sí mismos como emprendedores, lo que antes llamábamos empresarios, la figura que el pensamiento dominante quiere que asociemos con el espíritu de aventura, con la libertad.

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ALBERTO GARCÍA-ALIX. El argentino y su Yamaha 1000 (1989)ALBERTO GARCÍA-ALIX. El argentino y su Yamaha 1000 (1989). Fuente: Página web del MUSAC

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(1) Rendueles, César, Capitalismo canalla, Barcelona, Seix Barral, 2015, p. 183.

martes, 13 de octubre de 2015

La taquilla de un cine que cerró hace años. León, octubre de 2015

IMGP5603 (2)León, octubre de 2015. Meto la máquina de fotos a través del hueco que queda entre los paneles que han colocado para cerrar el hueco de la taquilla, antes seguramente cubierto  con un cristal. La reja, con la puertecilla central a través de la que se pagaba, evoca la entrada de un gran edificio. El contraste entre el  aire señorial del proyecto y el semiabandono en que se encuentra en la actualidad me llaman la atención. Con la ayuda del flash, sin saber lo que estoy fotografiando, disparo varias veces. El resultado son las fotos que aparecen en esta entrada.

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Todos los cines de barrio y muchos de estreno cerraron al mismo tiempo hace no sé cuántos años. De un día para otro aparecieron abandonados. Fue cuando definitivamente ya no se podía llevar la merienda de casa, ni botellas de vidrio con agua del ayún, ni comer pipas, ni entrar y salir de la sala para descansar de tantos romanos, cuando en las filas de atrás ya no hacía el mismo calor y las manos habían dejado de ser felices. De repente, los programas dobles dejaron de existir, no tuve nunca más jaquecas producidas por  las caras de aquellos pistoleros espagueti que tocaban la armónica del infierno. También mi abuela, con la que iba al cine, se ausentó silenciosamente una noche para siempre. Entró por la boca del metro de Manuel Becerra y no la volví a ver. Antes, como todos los días, había dejado la cena casi hecha, las patatas fritas, a la espera de que volviera mi madre para freír los huevos. O quizá no, los huevos siempre estuvieron hechos,  en un nebuloso nimbo sin tiempo, un milagro siempre reciente, calentito aún. Murieron aquellos cines que fueron colchones de amor, enciclopedias populares, reyes de los sábados. Me decía un amigo que los romanos y los cristianos medievales y en general todo cristo que llevara túnica, se metía mano a escondidas del director, del público. Fue la primera vez que oía la expresión, meterse mano, con ese pronombre –se, que hace recíproca la acción. Le di vueltas al asunto y me quedé con la duda de si  uno a sí mismo puede meterse mano o solo meter mano, cosa que es mucho peor, porque la gracia no reside  tanto en la parte activa como en la pasiva.

Antes de entrar en el paraíso había que pasar por la taquilla. Sigue siendo necesario, pero ahora en casi todos los cines, multicines, hay multitaquillas, mientras que antes estabas condenado a la vía única, tras la que te esperaba una señora, casi siempre, entrada en edad, que a veces hacía punto mientras se ocupaba de dar las vueltas. En lugar de Perded cualquier esperanza, como dice Dante que está escrito a la entrada del infierno, ir al cine, por lo menos como atisbo, significa recobrar la ilusión. La taquilla en mi imaginario siempre siempre tuvo escrito encima, impreso sobre cartulina o escrito en letras de neón, la frase contraria a la de Dante, Aquí se abre una ventana a la ilusión.

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lunes, 12 de octubre de 2015

12 de octubre. Apocalipsis pilarista. Entradas remasticadas

“Je ne passe jamais devant un fétiche de bois, un Boudha doré, une idole mexicaine, sans me dire: C´est peut-être le vrai dieu.”  (Charles Baudelaire) 
Traducción: “No paso nunca delante de un fetiche de madera, un Buda dorado, un ídolo mejicano, sin decirme a mí mismo: Quizá es el dios verdadero.”
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Me cuenta mi quiosquero, un hombre simpático e ingenioso, uno de sus recurrentes sueños apocalípticos sobre la Plaza del Pilar. Al acercarse el 12 de octubre se produce una enorme crecida del Ebro, nunca vista, diga de un rebrote de fervor trasvasista.  El sueño es una mezcla de cine de acción e instantáneas de un improbable reportaje en papel cuché de, pongamos por caso, Diez Minutos. Como en un caleidoscopio manejado por un brujo perverso, aparecen baturros arrastrados por la corriente. Cada poco, para respirar, sacan a flote los morros en forma de boca de pez, pero se les va viendo cada vez más agotados por el esfuerzo de intentar no hundirse a causa de los ajustados trajes típicos. Los siluros carnívoros del sueño, de los que pronto serán pasto, aguardan pacientes, sabedores de que sus carnes tolendas saben mucho mejor que el barro que les toca zamparse a diario. Las baturras corren sin embargo mejor suerte, pues se quedan enganchadas a la maleza de la orilla por las orejas, gracias a sus pendientes. Algún siluro las visita, pero más que nada para susurrarles galanterías al oído a punto de desgarrarse.

De repente, sin embargo, las aguas comienzan a amansarse, los remolinos pierden velocidad, algunos maños incluso consiguen agarrarse a los pilares del Puente de Santiago, hasta que como por encanto la corriente se para y las aguas se dividen en dos, dejando, además de varios carriles bici expeditos, unos claros semisecos. En seguida, hay ya alguno que se empieza a aclarar la voz para echarse un cantecito típico de su lugar de origen, mientras otros intentan recomponerse el traje, aligerándose del barro que les cubre. Al poco, quien más quien menos empieza a bailar, aquí sevillanas, ahí pericotes, allá danzas endiabladas, y acullá una jota, cabe la basílica. Se oyen olés, oles, halas, halás y hasta algún Alá mezclado entre los múltiples acentos de las tierras de España. Todos gritan viva el Pilar, y viva el Pilal repite el grupo japoaragonés, justo antes de que los remolinos empiecen de nuevo a formarse y el espacio libre dejado por las aguas a vuelva a estrecharse. 

El quiosquero se ve  a sí mismo diciéndoles adiós, buen viaje, salúdenme a sus parientes, hasta que nos volvamos a ver, mientras nota que los únicos que se han librado esta vez de los rápidos son un grupo de bailarines de sardana que se había puesto a salvo sobre una elevación en la que han izado un mástil con una bandera que en el sueño no se podía identificar.

“Pero, lo más sorprendente -me confiesa mi amigo- es que veo cómo la imagen de la Virgen es arrastrada por el agua y al día siguiente, cuando vengo al quiosco a ordenar los periódicos, leo que ha sido encontrada, mojada, pero intacta, en un huerto murciano. Al final del sueño, en vez de aparecer las palabras The end, como me suele pasar, leo sobre la pantalla de mi frente despejada Némesis”.

La potencia de esta pequeña imagen de la virgen es tal que no puede dejar de producir desvaríos de la razón. El mío, más realista que el del quiosquero, cosiste en verme paseando al amanecer sobre una plaza del Pilar que se ha convertido en grandes cascotes, porque debajo algo muy importante que no llego a saber qué es. Voy con mi pero, y no paro de decirle que tenga cuidado, que se va a hacer daño, y que deje de olisquear, no vaya a descubrir algo desagradable.

Manuel de Lope en Iberia. La imagen múltiple (Debate, 2005) veía la basílica de El Pilar de Zaragoza como una central nuclear religiosa de la que capilla de la virgen sería el núcleo del reactor, y los curas y personal a cargo del templo, los técnicos que se ocupan de su mantenimiento. La zona de enfriamiento de las aguas podría ser la fuente que en forma de cascada se encuentra en un extremo de la plaza. Desde luego, el espacio es demasiado grande como para no sospechar que se trata de algo más que una mera plaza de ciudad de poco más de medio millón de habitantes. Quizá es un aeropuerto ideado por los americanos. Se lo diré a mi quiosquero,  a ver si ha tenido algún sueño esclarecedor.

Esta inmensa plaza, el día 12 y 13 de octubre se resume en la pirámide que ideó Bigas Luna, al siempre tuve por un descreído de aúpa. Nadie mejor que ellos, los descreídos, sin embargo, para las puestas en escena populares, barrocas o surrealistas. Piensen si no en las provocadoras imágenes religiosas de Buñuel. La conocida ofrenda que se celebra estos días incluye la colocación a la vista de todos de una réplica de la imagen de la Virgen encima de dicha pirámide. A cualquiera que pase por allí sin conocer de qué se trata le sorprenderá el tamaño de la virgen en relación al alboroto y profusión floral que la rodea. Según van pasando las horas, las flores empiezan a marchitarse y producen efluvios, de ahí quizá provengan delirios como el del quiosquero y el mío. No se me ocurre otra explicación.

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