Viaje a Francia en 2016

sábado, 10 de enero de 2015

El corte de mangas de Charb, el director de Chalie Hebdo, a su asesino, emblema de una tribu admirable.Viva el humor cuya verdad ofende

Una manifestazione a Parigi, 2011. - (Mario Dondero)Foto Mario Dondero

“…Patrick Pelloux, redactor amigo de Charb, aseguró que por tal y como se encontró el cuerpo de su colega, este murió intentando hacer un corte de mangas a los asesinos” (El País)

…il avait osé confesser son seul vrai regret dans la vie :“Ne pas avoir toujours été assez virulent vis-à-vis du pouvoir" (Cabu, L’Humanité)

Como los gestos de los pompeyanos antes de morir abrasados, intentando abrazarse ante la muerte inminente, pero está vez desafiando al verdugo, el monumental corte de mangas de Charb (Stéphane Charbonnier) será de ahora en adelante para mí el emblema de una tribu que adoro, la de los distintos, que, lejos de la uniformidad, a todo le encuentran peros razonables, señales de abuso escondido, síntomas de injusticia, y los encuentran en especial en ellos mismos, en la medida en que, víctimas del discurso del poder, son hablados por otros, a través de ellos se filtra inconscientemente aquello que quieren criticar. Aunque enzarzados consigo mismos,  los espíritus vitriólicos lo que no suelen cerrar es el ojo crítico y el pico y además, a menudo, lo hacen a través del humor verdadero, que es capaz de poner de malhumor a cualquiera que no esté dispuesto a aceptar nuestra verdadera condición humana, tan excelsa como miserable, fronteriza entre la mezquindad y el altruismo, yendo a menudo de un polo a otro en el lapso de tiempo que tarda en hacerse un guiño.
Claro, en lo sagrado, en el discurso que se pretende intocable, inmutable, incuestionable, en las palabras proféticas por antonomasia, es donde la mentira está mejor parapetada, pero donde también podemos estar seguros de que florece. Cuanto  mayor es la falsedad mayor es también el enganche que produce en quien cree en ella. La mentira ciega y solo se mata por mentiras absolutas, porque la verdad es como agua en canasto, se pierde al poco, se crea en cada momento, hay que estar matizándola a cada instante, como camino que se hace sin ideas previas, para que no se fosilice y empiece a ser insuficiente, innoble agarradero de la comodidad, la pereza, de la tradición o, en el peor de los casos, del fanatismo. El humorista lo refleja, de ahí que duela a quien vive en casas tan frágiles que una ventolera de sátira es capaz de llevarse por delante.
En los años setenta creíamos en movimientos político mesiánicos, en futuros paraísos en los que necesidad y capacidad se anhelaban a medida de cada uno, y  aquello se le subió a la cabeza a algunos hasta hacerles echarse al monte y empuñar las armas. Eran formas personales de distinguirse, de  huir de la rutina de su existencia, síntomas de una compresión prematura de que la vida va en serio para todos. Sueños de heroísmo que muchas víctimas tuvieron que pagar con sus vidas para que los muchachos asilvestrados sintieran que estaban haciendo historia. Supongo que también los hermanos Kouachi, abatidos ayer por los gendarmes franceses, obedecían a modelos semejantes. El prestigio para ellos estaba en Mahoma, no en Lenin o en el nazismo. Seguramente, habían encontrado en la religión cobijo para su afán de excelencia, su estúpida vocación por la verdad absoluta, por la mentira absoluta.
No, a nada hay que agarrarse, ni a la igualdad, libertad y fraternidad, porque según se van articulando las sílabas de estas hermosas palabras, van siendo asaltadas por intereses espurios y al acabar la frase ya nos han sido expropiadas por los manejantes, por aquello que nosotros mismos tenemos en nuestro interior de manejantes. Por eso, algunas culturas mantenían a sueldo al bufón, portavoz de la verdad. Supongo que era una manera de neutralizar el vitriolo que puede contener la sátira, porque solo el humor que nos pone de mala leche, que toma a solfa la idea misma de sagrado, desvela, como la poesía, atisbos de verdad. Solo la sonrisa que se queda medio helada puede descubrirnos algo de nosotros mismos,  solo siendo conscientes de la falsedad de los tópicos, de las verdades absolutas, religiosas o laicas, podemos combatirlas y para eso hay que aceptar la necesidad de dejarnos ofender, porque la ofensa da la medida de nuestra inseguridad, de aquellas mentiras a las que nos agarramos como a verdades.
Benet decía algo que se puede aplicar al semanario francés que acaba de ser descabezado por los terroristas: “Yo creo bastante en la eficacia de la impertinencia, sobre todo en la de determinadas opiniones impertinentes… En cierto modo esas opiniones son, por impertinentes, las más útiles, las más atractivas. Si las opiniones se matizan, pues se vulgarizan, y entonces caen en el lugar común. En cierto modo, la opinión radical puede hacer daño, pero no deja de ser un extremo del campo de la opinión, lo linda… Una opinión tajante es más atractiva que una opinión mesurada. Me gusta ir por el mundo con ideas radicales. Ya que uno no puede radicalizarse en la vida pública, sí al menos en la vida privada.” (Benet, Juan, Ensayos de incertidumbre, edición de Ignacio Echevarría,  Barcelona, Debolsillo, p. 477).  Un análisis crítico radical (crítico-humorístico, a poder ser) puede devolvernos una imagen de nosotros mismos que nos ayude a mejorar, siempre que estemos dispuestos a aceptar nuestras debilidades, a reconocer como tópicos nuestros propios tópicos. Los humoristas de Charlie hebdo radicalizaron el humor público. El gesto del corte de mangas de su director, entre público y privado, es una muestra de hasta qué punto su genio y figura se mantuvo hasta donde solo unos pocos saben hacerlo. Seguramente, si no hubiese muerto en ese mismo instante, después se hubiera reído de sí mismo y lo hubiera hecho en una viñeta.

miércoles, 7 de enero de 2015

La parte x el todo. La exposición de enero en el paredondehelarte de la E.O.I., 1, de Zaragoza

 

image

 

La parte por el todo – Escuela Oficial de Idiomas nº 1 de Zaragoza, enero de 2015

Desde la primera fotografía que conservamos, La vista desde la ventana en Le Gray de Niépce, hoy casi bicentenaria, podemos comprobar que la cámara se nos muestra como un instrumento de posesión, de coleccionismo del mundo a través de un registro de centésimas de segundo –horas, en esa primera imagen- de lo que el sujeto ha creído experimentar con sus sentidos.

Esa fragmentaria duplicación de la naturaleza conmocionó a los pintores del momento. Nada sería igual en el arte desde la irrupción de ese invento burgués.

Años antes de entrar en el canon de la pintura, un joven Edvard Munch declaró solemnemente: No tengo miedo alguno de la fotografía, mientras no se utilice también en el cielo y en el infierno.

Fue, quizá, la primera gran contribución de la imagen fotográfica, porque forzó una reacción hostil en la pintura frente a toda imposición imitativa o convencional. Resultó un reto difícil –así lo sintieron los pintores- pero también una liberación y una oportunidad para extraer de la naturaleza una verdad más profunda a partir de la propia creación del artista.

La Asociación de Fotógrafos de Zaragoza presenta en la Escuela Oficial de Idiomas la exposición La parte por el todo. Con ella retomamos la representación del mundo característica de la fotografía, pero enfrentando cada imagen, como en un juego de espejos, al significado más personal de cada uno de los autores, a la verdad profunda que hallan en el modelo.

Una misma realidad, idéntica experiencia, es sentida y puede querer decir cosas completamente distintas para dos personas diferentes, dependiendo de los patrones, las vivencias, el estado de ánimo de cada una de ellas en ese preciso momento.

Estas son nuestras propuestas de desdoblamiento, de duplicación, de tránsito, y este es el estilo –diverso- con el que las presentamos. Confiamos que merezcan un juicio benévolo de sus espectadores.

Beatriz Orduña y Emilio Molins

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Partes flotantes a la búsqueda de un continente

Entre el todo y la parte las relaciones no son siempre evidentes, fluidas, a veces son invisibles o se vuelven abruptas, cuando no imposibles de aceptar lógicamente, como si el fragmento no quisiera saber nada de la unidad a la que pertenece o viceversa. Algunos intentan recomponer unidades de significado en el aparente caos fenomenológico. Así, los escritores, a menudo empeñados en demostrar cómo los síntomas engañan en todos los ámbitos, desde el amoroso hasta el social  -Proust-, o los jueces, los historiadores, que procuran reconstruir narraciones suficientes a través de indicios, añorantes de la lógica del puzle. Historiadores, jueces y escritores se especializan en elaborar un discurso que haga legible racionalmente lo real, a través de un matrimonio viable entre la parte y el todo.  La mayoría, sin embargo, incluidos los poetas y los fotógrafos, nos conformamos con destellos de luz que iluminan instantes, tendemos a coleccionar fragmentos, fogonazos.

A veces, el bosque figura en esas iluminaciones, otras, solo el árbol. Solo el sabio sabe ver uno en el otro, evitar que el detalle impida tener presente el conjunto. Cuando algo encaja  en el paisaje, se sitúa allí donde momentáneamente nos resulta que debe estar, nos expandimos, acercándonos a la belleza, aunque a veces sea terrible, y suela estar ligada a lo irracional o por lo menos a lo no evidente.

Lautréamont, en sus Chants de Maldoror, llevó la cosa al extremo al comparar la belleza de un joven con “el encuentro fortuito de una máquina de coser y un paraguas en una mesa de disección”. Quizá sea demasiado pensar que una mesa de disección pueda ser un todo con esas dos partes, pero lo cierto es que lo hermoso suele estar precedido de la sorpresa. Si lo que hay detrás es grasa sin chicha o mero fuego artificial, enseguida la sorpresa se desinfla. Si no, si hay sustancia, el bosque y el árbol recrean el milagro original de la convivencia entre el ejemplo y la categoría, el detalle y el sentimiento, el favor y la gentileza, el humo y el fuego. A mí me gusta que la relación entre unos y otros sea contradictoria, irónica, leve o al borde de lo imposible, pero para gustos sobre las relaciones entre la parte y el todo, colores, fotos. En esta exposición se intenta que árbol y bosque convivan en múltiples relaciones y en un anhelo simpático o antipático de sincronía holística.

Javier Brox

Fotos de la exposición:

Fotografía

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martes, 6 de enero de 2015

El sufrimiento que produce el día de Reyes, una visión escatológica.

Al verse engañado por los magos, Herodes se enfureció y mandó matar, en Belén y sus alrededores, a todos los niños menores de dos años, de acuerdo con la fecha que los magos le habían indicado (Mateo: 2, 16)

‘The Taymouth Hours’, England 14th century (British Library, Yates Thompson 13, fol. 94v) (Fuente de la imagen)

Ni si eran tres, ni su nombre, ni siquiera si eran reyes o santos, el evangelio canónico de Mateo calla al respecto. Después, fueron añadiéndose tradiciones varias,  textos, evangelios apócrifos, crónicas, vidas, que les atribuían características. Según leo, pasaron a ser reyes a partir del S. III – lo son, por ejemplo en la medieval Crónica de Giovanni Villani; o fueron santificados,  como, por ejemplo, en la Meditazione sopra l'arbore della croce; se llamaron Gaspar, Melchor y Baltasar, a partir del S. VI.

Los tres? Reyes? magos, Melchor?, Gaspar? y Baltasar?,  en la cama. 'Salzburg Missal', Regensburg ca. 1478-1489 (München, Bayerische Staatsbibliothek, Clm 15708 I, fol. 63r)  (Fuente de la imagen)

Lo cierto es que son pocos los motivos de alegría que nos traen. O, mejor dicho, nos traen a menudo tanta alegría como pena, porque el regalo, al tiempo que casi siempre colma el espacio de una demanda despierta el sentimiento, adormecido tal vez hasta entonces, de la carencia misma como parte de nuestra educación, de nuestra condición , incluso. Te dan un objeto, (Fuente de la imagen) te ofrecen una caricia, pero ese objeto, esa caricia, proyectan la imagen especular de otro objeto, de otra caricia distinta, ausente, adormecida en nuestro interior. Si hay alegría, es porque se desaloja el mismo volumen de dolor. Pero el fluido en reposo sobre el que se deposita el don no es el de la dicha, sino el de la infelicidad, y al cabo la presión que ejerce el nuevo cuerpo es insuficiente para ocupar el fondo más allá de un ratito .  Visto desde allí donde me encuentro, todo regalo es garantía de desánimo, fuente de futura añoranza.

Si fuéramos más felices que no, nos regalaríamos desgracias, pequeños motivos para la pena. Pero aun así, raza dannata, añoraríamos otros dones negativos, distintos o provenientes de otros manos.

Gentile da Fabriano, "Adorazione dei Magi", Firenze, Galleria degli Uffizi (Fuente de la imagen)

domingo, 4 de enero de 2015

Voces, Rapunzel, Hermanos Grimm

Rapunzel tenía el pelo largo y muy bonito, fino como hilo de oro. Cuando oía la voz de la maga, se soltaba las trenzas, las ataba a un gozne de la ventana y las trenzas caían tan  largas como veinte brazos. Y la maga subía por ellas.

Años más tarde, un príncipe, mientras cabalgaba por el bosque, pasó cerca de la torre. Oyó un canto tan dulce que se paró escuchar. Era Rapunzel, que en su soledad se acompañaba con el suave canto de su voz. El príncipe quería subir. Buscó la puerta, pero no la  encontró. Volvió a casa, pero se había quedado tan prendado de aquel cantar que volvía todos los días al bosque a buscarlo. Un vez, mientras estaba junto a un árbol, vio acercarse a una maga  y la oyó gritar:

- ¡Rapunzel, asómate, deja caer tus trenzas!

Entonces, Rapunzel dejó caer sus trenzas y la maga subió. “Si esa es la escalera para subir, yo también intentaré hacerlo”. Al día siguiente, al atardecer, fue a la torre y gritó:

- ¡Rapunzel, asómate, deja caer tus trenzas!

Al instante, las trenzas cayeron y el príncipe subió. Al principio, nada más subir el príncipe, a Rapunzel le entró mucho miedo, porque no había visto nunca a un hombre; pero el príncipe le habló con mucha educación y le explicó que su corazón estaba tan prendado de su canto que no podía dejar de pensar y había tenido que ir a buscarla. Entonces, a Rapunzel se le pasó el miedo y cuando el príncipe le preguntó si quería casarse con él y ella vio que era joven y guapo, pensó: “Me querrá más que la vieja señora Göthel”. Entonces, aceptó y le dio la mano y dijo: “Me iría encantada contigo, pero no sé cómo bajar de aquí. Cuando vengas, tráeme siempre seda. La  hilaré y haré una escalera con ella; cuando esté lista, voy y bajo, y tú me subes en tu caballo”…

…El príncipe subió, pero en vez de Rapunzel, se encontró a la maga, que lo miraba burlona: – Ah –dijo con sorna- has venido a buscar a tu amiga, pero el pajarito se ha ido del nido y ya no canta; el gato se la ha llevado y a tí te sacará los ojos. has perdido a Rapunzel, no la volverás a ver. El príncipe, loco de dolor, se lanzó desde lo alto de la torre. No murió, pero las espinas

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había caído le atravesaron los ojos. Ciego, erró por los bosques; solo comía raíces sobre las que y bayas entre llantos y lamentos por haber perdido a su amada. Como un pobre miserable, pasó años vagando sin meta, hasta que que un día sus huesos fueron a dar en un desierto en el que también vivía Rapunzel en la pobreza con los dos gemelos que había parido, un niño y una niña. Él oyó una voz, y le sonó a alguien conocido. Siguió el sonido y al acercarse Rapunzel lo reconoció. Lo abrazó por el cuello llorando. pero sus lágrimas humedecieron los ojos de él, que se iluminaron y volvieron a ver como antes…

(Jacob e Wilhelm Grimm, Cuentos, Oscar Mondarori, 1951. Traducción: el menda)

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Voces. Resumen de una vida inconclusa:

1. Cuando preguntas, contenida, a través de la puerta, si estoy ahí;
2. La de los arrieros que al atardecer oyó Gil-Albert;
3. Aquella vez que dijo algo, no sé qué, invisible ella en medio de un grupo, supe que había venido, dejé de leer el periódico y fui feliz;
4. Cuando, yo con anginas, tú me tarareabas “A la luz del cigarro voy al molino”; 
5. Mi hija, ronca, de vuelta a casa tras una larga noche de fiesta,  dice,¡hola papá!;
6. Rapunzel, encerrada en su torre sin puerta ni ventana, enamorada de un príncipe que oye cantar a lo lejos;                                                                                                                      7. Una voz que solo consigo evocar por lo que dice; ni siquiera, solo por el tono. Como un bajo continuo, está ahí. No la oigo, solo sé que (qué) fue. Madre… (
sigue)

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princessDavid Hockney. Fuente de la imagen y del texto:

David Hockney — English painter, stage designer, and friend of Andy Warhol — created a series of haunting etchings based on the Grimms’ fairy tales, compiled in the 1969 book Six Fairy Tales from the Brothers Grimm with illustrations by David Hockney. Works referenced includeThe Little Sea Hare, Fundevogel, Rapunzel, The Boy Who Left Home to Learn Fear, Old Rinkrank, and Rumpelstilzchen. The pop art icon’s artworks are devoid of color and focus on surreal spaces and vivid textures — inky shadows, crosshatched architecture, and impenetrable fields of grass.

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gus1Albert Weisgerber  (Fuente de la imagen y del texto)

The painter Albert Weisgerber (1878–1915) worked alongside a group of art titans in Munich before being killed in World War I. From a bio at the Art Directory:

He studied at the "Akademie der Bildenden Künste" from 1897 to 1901, first under Gabriel Hackl, then under Franz von Stuck. He began working for the journal "Jugend" in 1897. Albert Weisgerber met Hans Purrmann, Paul Klee, Wassily Kandinsky, Willi Geiger and Gino Finetti in Stuck's painting class in 1898, the same year in which he founded "Sturmfackel", an association with members such as Alfred Kubin, Rudolf Levy and Alfred Lörcher.

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