Viaje a Francia en 2016

jueves, 23 de enero de 2014

Libros. Las fotos de Yuri Dojc de una escuela a la que llegaron los nazis. Una historia memorable.


En 2006, el fotógrafo de origen eslovaco Yuri Dojc estaba trabajando junto a  la directora de cine Katya Krausova en un proyecto a través del cual querían recoger distintos testimonios sobre los judíos eslovacos que sobrevivieron a la deportación a los campos de concentración nazis.  Para casi todos  ellos, muy ancianos, suponía una última oportunidad de contar sus vidas: “Cualquier cosa era mejor que se judio”, dice una de las entrevistadas. Durante el viaje por el este de Eslovaquia a la búsqueda de testimonios, se toparon con una escuela en Bardejov que se encontraba en el mismo estado que en el momento en  que los soldados alemanes irrumpieron en ella,

(Fuente de la imagen)
cincuenta años antes, para apresar a los niños que estudiaban en ella. La escuela tenía ese aire espectral de los lugares en los que un brusco acontecimiento ha interrumpido para siempre el fluir de la vida cotidiana.  Entre sus paredes se encontraba una biblioteca con casi cuatro mil volúmenes, ordenados en dos habitaciones contiguas. Yuri Dojc y Katya Krausova, fascinados por el hallazgo, deciden entonces reconducir su búsqueda de testimonios y los libros se convirtieron en el centro del proyecto.
Katya Krausova comenta que mientras miraba los libros se preguntaba a quién habían pertenecido, y el fotógrafo cuenta que empezó a fotografiarlos  como si cada uno fuera una persona, su interior, su personalidad y que a la vez descubrió la belleza que esconde la decadencia de las cosas, en una mezcla de historia, estética y búsqueda personal del pasado.
El padre del fotógrafo había salvado la vida porque consiguió esconderse de los nazis, pero todos sus abuelos murieron durante el Holocausto en una zona  la que la limpieza étnica, incentivada por las autoridades locales, fue particularmente dura. “Yo era una estupenda bailarina”, “Nadie pudo quedarse en casa, nuestros padres ya habían sido deportados”, “Hasta los catorce fui un ser humano, después fui la nada”, dicen algunos de los supervivientes.
En un momento dado, Krausova se puso a ojear los libros y descubrió unos veinte con  rudimentarios exlibris en los que aparecía el nombre, la profesión y quizá la ciudad natal de los dueños, entre ellos Jakab Deutsch, sastre, Michalovce. Era el abuelo del fotógrafo, al que solo había visto en imágenes, una vieja retrato de la boda de sus padres. En esa imagen, se le ve con la estrella de David, que estaba obligado a llevar puesta. “Verdaderamente puedo decir que encontrar este libro completa mi viaje”, sentencia Dojc.


Fuente de estas imágenes de Yuri Dojc:














                












Enlace a una video en inglés sobre la génesis del proyecto

Enlace a un video subtitulado en italiano sobre lo mismo

Otras fotos de Yuri Dojc  de la misma serie  (Fuente):                       

Yuri Dojc, Last Folio, 2010, archival pigment ink on cotton rag, 50x75 cm

Yuri Dojc, Spine, 2008. archival pigment ink on cotton rag, 35x50 cm

Yuri Dojc, Scroll 2007, archival pigment ink on cotton rag, 50x75 cm

Yuri Dojc, Shin 2008, archival pigment ink on cotton rag, 35x50 cm

Yuri Dojc, Rope 2008, archival pigment ink on cotton rag, 50x75 cm

martes, 21 de enero de 2014

Mi casa, sin teléfono. Las fotos de Manuel Cosentino son un buen libro.

 

La casa es una membrana que nos separa del mundo, sus ventanas nos permiten contemplarlo protegidos. Mi casa mejor son los libros. Sus ventanas cambian de pared, a veces dan al frío norte, otras al templado y divertido sur. También puedo escoger el tipo de cristal que media entre mi vista y la vida, lupa de aumento, espejo deformante y hasta catalejo que aleja. En realidad, a la hora de pasar un rato en ellas, casi siempre me dejo llevar por la curiosidad, una inmensa curiosidad, de manera que escojo a medias, la otra mitad de la elección es pasiva. Las habitaciones, claro está, cambian de sitio. Hay castas ordenadas, de esas de menos es más, otras extrañamente ordenadas y alguna que finge estar ordenada o desordenada. Aquellas en las que paso mis mejores días son las que ocultan el orden bajo el desorden. Será cuestión de simpatía.

La estupenda serie de fotos de Manuel Cosentino que copio a continuación me ha traído a la cabeza uno de los grandes libros de Fogwill, Los pichiciegos, en el que pasé uno de los mejores ratos de los últimos años. Es la historia de unos desertores, mancha que limpia, de la Guerra de las Malvinas que viven semiescondidos en un agujero hecho en el suelo. Esa es su casa y cada vez que salen al exterior se enfrentan a la luz que ciega y seduce, muestra y engaña, el mundo. En ese mismo agujero morirán casi todos. También a mí me gustaría morir en el agujero de las páginas de un libro, mi casa, sin teléfono. Me interesa mucho más la vida que hay dentro que la de fuera.

Fotos de Manuel Cosentino: Fuente de las imágenes, a través de Rai edu

 

 

 

 

 

 

 

 

 

domingo, 19 de enero de 2014

Teodoro Félix expondrá en febrero en la E.O.I.1 de Zaragoza

En febrero en el paredondehelarte podrá verse una exposición de fotos de Teodoro Félix. He aquí una pequeña muestra de sus trabajos.

Resisten los árboles el paso de las estaciones y a cada una la acompañan con la sintonía de sus ramas. Erguidos en desnudez y desaliento, en invierno, dejando a veces que a su pie broten lágrimas de nieve, son como nosotros, dejan caer hojas muertas, dewy as her eyes, a la espera de trocar el fango en flor. Sentir la premura de la savia, ascendiendo. Quizá llegue también ese instante. Hoy es invierno.

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