adiós

sábado, 30 de noviembre de 2013

La Room Art Fair

El nombre en inglés de esta feria de arte se debe al hecho de que se celebra en las habitaciones de un hotel u hostal, no sé bien, en cualquier caso, una gran vivienda reconvertida. Cada una de las habitaciones, con cama y baño incluidos, aloja a un galerista que presenta las obras de su cuadra de artistas, pocos por lo general, a menudo entre las estrecheces que impone un lecho matrimonial. En otros casos, son los artistas mismos los que se presentan. Abundan además otros satélites de a galaxia artística, como las revistas o las plataformas digitales (input, Samyroad, spainfresh). Me pilla en Madrid la celebración del acontecimiento -el término evento me suena casi metafísico, como si se lo hubiera inventado Zubiri-, me pilla además dando una vuelta por Callao, dispuesto a pagar los seis euros que vale la entrada y a subir a pie hasta el noveno piso, en el que está la última parte de la feria, porque el ascensor es solo para los clientes de los muchos hostales que aloja el edificio. Bien pillado, como digo, cotilleo un buen rato, me rozo con otros visitantes que se agolpan en las habitaciones, me dejo adormecer por el discurso de alguno de los galeristas. Uno de ellos me dije que a partir de las nueve, uno de los artistas hace una performance en la que se coloca desnudo en la cama para que el público haga con él lo que le venga en gana sexual. Lo hace, me cuenta, para expiar sus culpas, las que le ha llevado a asumir una vida bastante, bastante dura, me dice, por eso se prostituye. Traduzco a mi universo provinciano el verbo prostituirse por dejarse tocar, y se me ocurre preguntar si se graba el acontecimiento. Me mira con una expresión en la que leo un alto tanto por ciento de tú de qué vas, otro poco ya lo hemos pensado, pero no, porque…, y una pizca de sí, para que lo disfrutes tú. Cuando consigo deshacerme del pesado sigo deambulando hasta que por fin llego al noveno piso. Allí me espera lo mejor, las vistas de Madrid desde la terraza, y no lo digo porque no haya visto cosas  interesantes, de las que dejo alguna foto, sino por el hermoso atardecer de invierno del largo noviembre en Madrid, a quizá 70 metros sobre el suelo.

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Pido perdón si cometo algún error en las atribuciones de las obras:

IMGP2691Desi Civera (Factoría de Arte y Desarrollo)

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Gema y Mónica del rey Jordá:

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María Ramírez:

Adassa Santana:

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Vistas:

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lunes, 25 de noviembre de 2013

El Prado, discreta pero intensamente intervenido. Historias Naturales (Un proyecto de Miguel Ángel Blanco).

Dichosos aquellos que como Calatrava en Venecia o M. Ángel Blanco en El Prado tienen el privilegio de intervenir en los santuarios de la belleza, casi intacta desde hace  mucho y quizá, por ello, algo amojamada. Que la mochila de la responsabilidad no los abrume hasta empequeñecerlos ante la magnitud de la empresa. Que el sentido común les haga pensar en quienes disfrutarán o criticarán su trabajo.

Al arte de intervenir, sobre todo cuando de pastiches poco costosos se trata, parecen haberse sumado las más grandes instituciones culturales. A la fuerza ahorca la crisis y con un poco de buen gusto y la colaboración de parientes más o menos cercanos se pueden ir capeando las estrecheces presupuestarias. Buena prueba de ello fue la exposición La belleza encerrada, recién clausurada. En ese mismo tono de aprovechamiento de  recursos adormecidos se presentan las Historias Naturales (Un proyecto de Miguel Ángel Blanco). Sobra quizá el plano con las indicaciones de las obras que han sido intervenidas. Mejor, quizá, hubiera sido la sorpresa, la duda sobre cuántas cosas te habías perdido, la desazón que produce pensar que quizá puedes haber estado cerca, a unos pasos de un momento feliz poesía o de una desilusión, que de todo hay.

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