adiós

sábado, 12 de octubre de 2013

Visiones apocalípticas el día del Pilar. Baudelaire en los escaparates de los alrededores.

 

“No paso nunca delante de un fetiche de madera, un Buda dorado, un ídolo mejicano, sin decirme a mí mismo: Quizá es el dios verdadero.”

“Je ne passe jamais devant un fétiche de bois, un Boudha doré, une idole mexicaine, sans me dire: C´est peut-être le vrai dieu.”  (Charles Baudelaire)

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Sondeo a mi quiosquero, un hombre simpático e ingenioso, para ver si comparte mis sueños apocalípticos sobre la Plaza del Pilar, y me confiesa que en una de sus pesadillas recurrentes cuando se acercan las fiestas se produce una enorme crecida del Ebro.  Baturros arrastrados por la corriente tienen dificultades para mantenerse a flote, a causa de los trajes típicos. Pero lo más sorprendente, me confiesa el quiosquero, es que veo cómo la imagen de la Virgen es arrastrada por el agua y al día siguiente, cuando vengo al quiosco a ordenar los periódicos, leo que ha sido encontrada, mojada, pero intacta, en un huerto murciano.

La potencia de esta pequeña imagen de la virgen es tal que no puede dejar de producir desvaríos de la razón. El mío cosiste en verme paseando al amanecer sobre una plaza del Pilar que se ha convertido en grandes cascotes, porque debajo algo muy importante que no llego a saber qué es. Voy con mi pero, y no paro de decirle que tenga cuidado, que se va a hacer daño, y que deje de olisquear, no vaya a descubrir algo desagradable.

Manuel de Lope en Iberia. La imagen múltiple (Debate, 2005) veía la basílica de El Pilar de Zaragoza como una central nuclear religiosa de la que capilla de la virgen sería el núcleo del reactor, y los curas y personal a cargo del templo, los técnicos que se ocupan de su mantenimiento.

La zona de enfriamiento de las aguas podría ser la fuente que en forma de cascada se encuentra en un extremo de la plaza, demasiado grande como para no sospechar que se trata de algo más que una mera plaza de ciudad. La conocida ofrenda que se celebra estos días, según la diseñó no mucho ha Bigas Luna, que tenía acciones en un local (El Plata, cabaret ibérico) no muy distante de allí, supone la colocación a la vista de todos de una réplica de la imagen de la Virgen. A cualquiera que pase por allí sin conocer de qué se trata le sorprenderá el tamaño de la virgen en relación al alboroto y profusión floral que la rodea, como ocurre con la grandiosidad del templo mismo en relación a su advocación. De ahí que la comparación con un reactor nuclear tenga sentido y quizá también que produzca delirios como el del quiosquero y el mío.

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Baudelaire en el blog:

- Contra Baudelaire, prevaricador ocasional.
- Otro (auto)retrato de Baudelaire. En la mirada está el principio de la condenación y de la salvación individual.

viernes, 11 de octubre de 2013

¡Más nada! y no ¡Más luz!, dijo Goethe antes de morir.

 

(Fuente de la imagen)

“El dudar y el no dudar, fue lo penúltimo que dijo Goethe, al parecer. Es decir, una frase de Wittgenstein. Y, poco después, las dos palabras que son sus más famosas: Mehr Licht! (¡Más luz!). Sin embargo, lo último que dijo Goethe realmente no fue Mehr Licht! sino Mehr nicht! (¡Más nada!). Sólo Riemer y yo –y Kräuter- estábamos presentes. Los tres, Riemer, Kräuter y yo, nos pusimos de acuerdo para hacer saber al mundo que lo último que dijo Goethe fue  Mehr Licht!  y no Mehr nicht! Por esa mentira, que es una falsificación, sufro todavía hoy, después de haber muerto ya hace tiempo Riemer y Kräuter”.

Bernhard, Thomas, Goethe se muere, Alianza editorial, 2012, p. 40, trad. M. Sáenz.

jueves, 10 de octubre de 2013

Alice Munro, premio Nobel. El diablo y la verdad están en los detalles.

Las grandes novelas son como las estaciones o lo años, largos ejercicios espirituales, viajes en tren de una punta a otra del país interior que nunca acabamos de conocer. Los grandes cuentos son partes del día, ratos al sol, satisfactorias visitas a la nevera.

Hay novelas que fingen basarse en un detalle seminal. En Pastoral americana, Roth, otro permanente candidato al Nobel, quiere juega a hacer creer que todo el desarrollo posterior de la trama parte de un beso inoportuno del protagonista a su hija, una especie de versión femenina y degradada de Jesucristo. Pero es solo un ardid de escritor. En algunos cuentos de Munro un detalle consigue descubrirnos un universo oculto, un gesto esconde  un drama o por lo menos, a través de él, la escritora consigue hacérnoslo creer. Su pericia está tanto en lo que dice como en lo que calla, su habilidad reside en saber elegir los ángulos, las tonalidades, una frase, un silencio, un movimiento durante un baño en un lago que da sentido a todo. Sí, ya sé que lo dicho vale para cualquier narración, pero en las más largas hay posibilidades de rescate, mientras que en  las cortas todo pende de un toque, de un detalle.

Esa es la Munro que yo recuerdo, maestra a la hora de hacer pasar el mundo por el ojo de una cerradura, la que encontré en Secretos a voces y en Escapada.

Cómo se acaba el placer real. Los efectos del tiempo y del hombre sobre la piedra de los reyes de Judea e Israel

  Esos reyes poderosos
que vemos por escrituras
ya pasadas,
por casos tristes, llorosos, 160
fueron sus buenas venturas
trastornadas;
así que no hay cosa fuerte,
que a papas y emperadores
y prelados, 165
así los trata la muerte
como a los pobres pastores
de ganados (J. Manrique, Coplas por la muerte de su padre)
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Aprendí
la interminable lista
de reyes de Judea e Israel y el mundo
no fue mío
                      ni tu historia
violeta como tus ojeras de doncella (Pseudo M. V. Montalbán)

(Saul, David, Salomón, Roboam, Jeroboam, Nadab, Baasa, Ela, Zimri, Omri, Acab, Ocozías, Joram, Jehú, Joacaz, Joás, Jeroboam II, Zacarías, Salum, Manahem, Pekaia, Peka , Oseas, Abiam, Asa, Josafat, Joram, Ocozías, Atalía, Joás, Amasías, Azarías, Jotam, Acaz (Joacaz), Ezequías, Manasés, Amón, Josías, Joacaz II, Joacín, Joaquín y Sedequías)


Tienen las listas la virtud de mostrarnos la diferencia en el marco de la unidad. Detalles de lo mismo, facetas de una misma cara, aspectos de una misma idea. La primera serie que vi de cuerpos maltratados por la enfermedad fue en un atlas dermatológico: chancros, llagas, descamaciones, eccemas, reflejos del mal que está a la vuelta de la esquina, a la vuelta del amor, porque era un atlas de enfermedades venéreas, no venenéreas, como yo me empeñaba en decir, quizá porque leía el adjetivo de la portada demasiado deprisa, no me fueran a pillar con el libro en las manos. Aquellas fotos me enseñaron los estragos de la enfermedad, pero sobre papel cuché, porque la enfermedad de verdad, propia o ajena, solo la conocería mucho más tarde.


Después, vi la serie de los apóstoles del Greco en Toledo. Volví con fiebre de la visita. El fulgor de su mirada  en aquella pequeña sala adensaba tanto el aire que parecía una tienda de  chucherías. O, quizá, aquellas miradas más bien aceraban la atmósfera, como si los cuadros, las paredes, perdieran consistencia, como en una tienda de vinagrillos. Solo me quedó en la memoria la expresión ajena al mundo de los doce magníficos y el dragoncito de San Juan.


Foto2774Tuve, por fin, la suerte de ver juntos bastantes de los retratos de El Fayun. Son hombres y mujeres pintados en una especie de quintaesenciados fotomatones, hechos para ser pegados en la documentación que hay que presentar en la garita de la frontera con el  más allá. No creo que ningún cura o funcionario se atreviera a rechazar el ingreso de los hombres y mujeres que aparecen en esas tablillas. En realidad, tal es la nobleza y la densidad de sus miradas que al funcionario de turno no le quedaría más remedio que informarles discretamente que el más allá es solo un invento para que no se dejen de pagar impuestos de todo tipo.image


Por fin, hace poco, tuve la suerte de toparme medio por casualidad con la serie de los reyes de Judea en el Museo medieval de Cluny. Son esculturas maltratadas por el tiempo y por la santa saña revolucionaria en 1793. Parece ser fueron tomados por reyes de Francia y por ello arrojados al vacío desde la fachada de Notre Dame. Supongo que ya en el suelo sufrirían todo tipo de ultrajes por parte de los sublevados. Si hubieran sabido que una de las líneas  hereditarias estaba emparentada con el mismísimo Jesús, quizá  los resultaros hubieran sido peores. El caso es que los reyes acabaron escondidos en los bajos de un banco de París y de ahí pasaron a  manos del estado. Los restos de policromía aumentan  el contraste entre lo que un día fueron y lo que han acabado siendo, simples cuerpos maltratados por el tiempo y por la mano del hombre, una de las pocas circunstancias (nada desdeñable, por cierto) que el común de la gente compartimos con los monarcas 

He aquí algunas fotos de esos reyes:
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