Viaje a Francia en 2016

viernes, 27 de septiembre de 2013

La canción de amor de J. Alfred Prufrock en las fotos de Paul Schneggenburger

Let us go then, you and I,
When the evening is spread out against the sky
Like a patient etherized upon a table;
Let us go, through certain half-deserted streets,
The muttering retreats
Of restless nights in one-night cheap hotels
And sawdust restaurants with oyster-shells:
Streets that follow like a tedious argument
Of insidious intent
To lead you to an overwhelming question. . .                            
Oh, do not ask, "What is it?"
Let us go and make our visit. (T.S. Eliot, Prufrock and Other Observations)

Las fotos expresan esa soledad del cuerpo reacio a cualquier contacto prolongado con otra carne, la cárcel que por momentos supone tener un cuerpo ajeno pegado a nosotros; expresan también la brutal y a veces delicada querencia por el calor ajeno, por su latir, por un pecho bajo el que late un corazón bombeando una sangre que solo se puede admirar cuando es de otro. Pero es que, además, estas fotos expresan todos los estados intermedios entre la separación y la fusión, la ilusión y el empalago, el baile de dudas,  escapadas,  vueltas y revueltas, un pasito palante y otro pasito patrás del amor. Los brazos que piden aire, las caras que se sumergen en el agua tibia de la amada, las manos que buscan en fase rem son en sueños el equivalente  de lo que despiertos es la cantilena del no te pongas así, acércate, suéltame un poco, por qué te sueltas, aparta el pie, pon la mano aquí, ráscame justo ahí, abrázame, porque en un larga relación, quizá también en una larga noche, en un sueño profundo, se resume la existencia toda del amor y hay tiempo para abrumar con preguntas, para matar y crear, para cien indecisiones y para cien puntos y contrapuntos de vista, antes del desayuno con tostadas.

Las fotos de  Paul Schneggenburger están hechas con exposiciones prolongadas. Enlace e su página de facebook y fuente directa de las fotos publicadas.

Il sonno degli amanti: fotoprogetto in timelapse

 

Il sonno degli amanti: fotoprogetto in timelapse

 

Il sonno degli amanti: fotoprogetto in timelapse

 

Il sonno degli amanti: fotoprogetto in timelapse

 

Il sonno degli amanti: fotoprogetto in timelapse

 

Il sonno degli amanti: fotoprogetto in timelapse

lunes, 23 de septiembre de 2013

Citas cruzadas o crucificadas

“Si le pregunto a mi propia experiencia, el objeto visible más insólito que dominaba la segunda mitad del siglo XX en España, era el crucifijo y la galaxia de signos menores a él añadidos… El crucifijo no era tan sólo la representación de una ejecución, la estremecedora estampa de un hombre inocente ajusticiado por el poder político y la razón de Estado, imagen turbadora que durante quince siglos dominó la visibilidad occidental. El crucifijo era, también, el símbolo de una opresión que se cernía sobre nosotros con un colosal aparato de ejecutores, funcionarios, técnicos, intelectuales, medios de difusión, turiferarios y enemigos” (Félix de Azúa en El boomerang)

IMGP1280

 

Echo un vistazo al trastero de mi casa materna y me asalta el pasado de una generación o generación y media anterior a la mía. Fotos en blanco y negro de un hermano vestido casi de negro, con una camisa y unos pantalones cortos de sabor perifalangista, recuerdos del 39, año de la maldita victoria:image

;o viejas postales del día de la madre: image

Pero sobre todo, para mi sorpresa, en esa casa en la que nunca se fue a misa ni a colegios de curas, aparece un crucifijo, ese objeto que en mi generación ya no era omnipresente:

IMGP2305

Yo viví, sí, en mi infancia, años bajo Franco, pero aquella era ya solo una dictadura que empezaba a dejar de aparentar hasta la fe en Cristo, un dictadura menos ideologizada que la de mis hermanos mayores. Salvo coletazos de crueldad y cutrerío, entre las islas de libertad que no podía controlar del todo y el capitalismo homogeneizador de usos y costumbres, a veces se te olvidaba que vivías bajo un régimen proveniente del nacionalcatolicismo, dicho sea lo de nacional con parte del sabor que tuvo para Hitler o Mussolini. Por eso, cuando veo el crucifijo, no me cae encima un cubo lleno de agua sucia y hasta podría guardarlo entre mis recuerdos del pasado o, convenientemente intervenido, recolocarlo en algún sitio, aunque desde luego no en la pared. No fue el pan de cada día de mi niñez, pero tuve ración más que suficiente de aquel catolicismo oficial.