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sábado, 8 de septiembre de 2012

La exposición de septiembre en el paredondehelarte: Fotos de un viaje al Anillo de oro ruso, organizado por el Departamento de Ruso de la E.O.I.1 de Zaragoza (I).

 

Clica aquí para ver la segunda tanda de fotos.

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En Semana Santa de este año, el departamento de Ruso de la E.O.I.1 organizó un viaje a Rusia. Las profesoras que guiaban al grupo pidieron a los intrépidos viajeros al Anillo de oro que hicieran fotos. Con esas fotos hemos organizado esta exposición. Como no podía ser menos, el ojo de los fotógrafos se fijó en los paisajes nevados, en las solitarias iglesias, en sus cúpulas doradas, pero también en la magnificencia de los restos del periodo soviético, en la gente, en pequeños detalles.

Las fotos pueden verse en el hall de nuestra Escuela hasta finales de septiembre. En esta versión digital del blog publico esas mismas imágenes acompañadas de una cita ligada a lo fotografiado. El acierto o falta de él en la elección de la cita se debe exclusivamente a mi. Sé que habrá otros muchos fragmentos más interesantes o pertinentes, pero he tenido que tirar de los libros que tenía en casa y, además, hacerlo muy deprisa. El resto de las fotos irá siendo publicado en entradas sucesivas. Además, incluimos la narración del viaje hecha por uno de los participantes, Alfonso Gamero.

La exposición es fruto de los viajeros, de las profesoras del Dep. de Ruso (Marta, Masha, Ruth) y del apoyo del Dep. de Actividades extraescolares.

Javier Brox

He aquí la narración de Alfonso Gamero:

VIAJE AL ANILLO DE ORO

Supongo que este tipo de viajes comienzan todos de forma similar: la gente se da cita en el aeropuerto, se hacen las presentaciones en la fila de facturación, se vagabundea hasta que llega la hora de embarcar y, después, se pasa el tiempo volando. Literalmente.

Una vez en Moscú, se repite el proceso pero en distinto orden: se desembarca, se recupera lo facturado, se hacen las presentaciones con el guía y después, a vagabundear por Rusia. Y sí, también se pasa el tiempo volando. Pero no literalmente, claro.

¡Ay, el tiempo! Ese era nuestro mayor, no, nuestro único enemigo. Eran tantas las cosas por ver... Pero he que reconocer que aprovechamos nuestro viaje hasta el último minuto. Marta y Masha, nuestras «profes», habían diseñado un circuito que optimizaba las estancias en detrimento de los desplazamientos, trazando un programa diferente –y mejor– que los ofertados por las agencias. Es lo que tiene conocer bien el terreno.

Pero quizá lo que se visita o se deja de visitar no sea lo más importante. Al fin y al cabo, todo no se puede ver. Al menos, no en ocho días. Lo importante es la intensidad de lo que se vive. Y en ese aspecto, Rusia es un destino perfecto. Templos ortodoxos como la Catedral de la Asunción de Moscú cortaban la respiración por su magnificencia. Pero toda esa opulencia palidecía ante el arrebatador encanto de iglesitas como la de la Transfiguración, en el museo de arquitectura de madera de Súzdal.

Cada kremlin –así se llaman los recintos amurallados– que visitábamos encerraba un conjunto arquitectónico más bonito que el anterior: Moscú, Sérgiev Posad, Rostov Súzdal,... Todos ellos hundían sus raíces en una Historia fascinante, entreverada de mitos y orlada de referencias paganas. ¿Cómo entonces comparar su belleza? Para nosotros fue fácil. Tuvimos la suerte de contar con la presencia de la más representativa imagen de Rusia: la nieve. Y puedo asegurar que hubo parajes que bajo la misteriosa fascinación del manto blanco adquirieron un aspecto realmente feérico. Ese fue el caso de la Iglesia de la Intercesión junto al río Nerl, a la que llegamos tras un largo paseo por un paisaje de ensueño.

El paisaje en sí mismo constituía un atractivo por partida doble: a su belleza natural se sumaban las referencias históricas, literarias, pictóricas o musicales. A cada cual, su bagaje. Pero el paseo a orillas del Volga en Yaroslavl, con los copos de nieve arremolinándose a nuestro alrededor, nos ofreció una estampa difícil de olvidar...

Hubo más. Mucho más. Es imposible obviar la visita a la famosa Galería Tretiakov o al Museo de Bellas Artes de Yaroslavl, con su extensa colección de iconos. Del mismo modo que no se puede negar la fascinación que ejercía la herencia soviética: a la imprescindible visita al metro de Moscú se sumaban un sinfín de hallazgos –casuales muchas veces– que evidenciaban un modélico ejemplo de integración histórica. Y también como parte de ese pasado, el solemne reconocimiento a los combatientes que lucharon en la Segunda Guerra Mundial, materializado por doquier en sobrios monumentos. Sobrios pero a veces de gran belleza, como en el caso del memorial de Yaroslavl.

Como era de esperar, todo este enriquecimiento «del espíritu» encontró su complemento en el periplo gastronómico: a las especialidades contempladas «dentro del programa» se sumaron los descubrimientos que cada uno íbamos haciendo en nuestros momentos de solaz. Así, por ejemplo, vagabundeando por un mercadillo al aire libre pudimos degustar los pepinillos caseros preparados por las lugareñas y encontrar una excelente vodka con el que acompañarlos.

Sólo quedaría añadir los detalles pintorescos –como el faro de Kostromá o el oso de Súzdal–, las anécdotas –como la supuesta seriedad de los rusos–, las canciones –La abejita dorada o Katiusha–, las risas (que hubo muchas) y... ¡ah, sí! ... lo difícil que resulta encontrar una balalaika de verdad en Rusia.

Autor: Alfonso Gamero

 

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Catedral de San Basilio, Plaza Roja de Moscú / Собор Василия Блаженного на Красной площади в Москве

“La hermosa basílica de Basilio el Simple, en homenaje a un santo buenísima persona, pero al parecer simple como un vegetal, alimenta una leyenda truculenta. Se dice que el zar Iván el Terrible, su promotor, ordenó sacar los ojos a los arquitectos que la construyeron para que no pudieran repetirla. Ni Stalin se hubiera atrevido a tanto.”

Vázquez Montalbán, M., Moscú de la Revolución, Planeta, 1990, p. 78

 

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Catedral de la Anunciación, Kremlin de Moscú /Благовещенский собор, Московский Кремль

 

“¿Cuántos habitantes tiene Moscú? ¿Cuántas casas? ¿Es cierto que a Moscú la llaman Moscou la sainte? ¿Cuántas iglesias hay?

Al oir que había más de doscientas iglesia, Napoleón dijo:

- ¿Para qué tantas?

- Los rusos son muy piadosos –respondió Balashov.

- Un gran número de  conventos e iglesias es siempre señal del atraso de un pueblo –exclamó Napoleón volviéndose hacia  Caulaincourt para que apreciara esa opinión.

Balashov se permitió decir que no estaba de acuerdo con el criterio del emperador francés.

- Cada país tiene sus costumbres.

- Pero en ningún sitio de Europa hay nada semejante –exclamó Bonaparte.

- Pido perdón a su majestad; en españa también hay muchos conventos y muchas iglesias –replicó Blashov.”

Tolstoi, León, Guerra y paz, Alianza editorial, 2009, p, 904.

 

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Tumba del Soldado Desconocido a los pies de las murallas del Kremlin, Moscú / Могила Неизвестного солдата у подножия Кремлевской стены, Москва

 

“Es esa identificación del régimen con la nación lo que posibilita el gran brío de los rusos durante la invasión hitleriana: moderadamente satisfechos con el régimen, se levantan todos contra el invasor y luchan encarnizadamente por defender su patria. Es la “gran guerra patriótica”, en cuyo trascurso se canta a la gloria de Aleksandr Nevski y Pedro el Grande, más que a la de Marx y Engels. la victoria de Stalingrado es una consecuencia de ese “nacionalsocialismo” abiertamente asumido, pero otra de sus consecuencias es la persecución generalizada, durante esos mismos años de las minorías nacionales que habitan el mismo territorio y de las que se recuerda entonces que son los enemigos hereditarios de los rusos.”

Todorov, Tzvetan, Los combates de Vasili Grossman, en Sobre Vida y destino, trad., Isabel Margelí,  Galaxia Gutemberg, 2008, p. 40.

 

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Entrada del Parque Gorki, Moscú / У входа в «Парк Культруы им. Горького», Москва

 

Pero el hombre que ha convivido con Masha –“una jovencita como de veinte años, alta y bien plantada, con una carita morena agitanada, unos ojos claros, amarillentos”- no de resigna a dejarla partir y, cuando a ve alejarse, sin apuntar dispara su pistola. Ella ni se vuelve y rompe a cantar “Ay, juventud, edad encantadora…” y  el hombre aquel comprende que la ha perdido irremisiblemente como se pierde un día la fe o el vigor.

Zuñiga, J. Eduardo, El anillo de Pushkin, Bruguera, 1983, p, 61.

 

Yaroslavl

Monumento a los caídos en la Gran Guerra Patria (Segunda Guerra Mundial), Yaroslavl / Памятник погибшим в Великой Отечественной войне, г. Ярославль

 

“-¿Para qué? ¡Es estúpido! ¡Absurdo! ¡Un disparate -gritó Mostovskói-. ¿Y a qué viene esa estupidez de llamarme "maestro"?

-No hay nada de estúpido en ello -replicó Liss-. Usted y yo debemos comprender que el futuro no se decide en los campos de batalla. Usted conoció personalmente a Lenin. Él fundó un nuevo tipo de partido. Fue el primero en comprender que sólo el Partido y su líder son los que expresan el impulso de la nación. Por eso puso fin a la Asamblea Constituyente. Pero así como Maxwell destruyó la mecánica newtoniana pensando que estaba confirmándola, Lenin se consideró el fundador de la Internacional cuando en realidad había creado el gran nacionalismo del siglo XX. Después Stalin nos ha enseñado muchas cosas. Para construir el socialismo en un solo país era necesario privar a los campesinos del derecho a sembrar y vender libremente, y Stalin no vaciló: liquidó a millones de campesinos. Nuestro Hitler advirtió que al movimiento nacionalsocialista alemán le estorbaba un enemigo, el judaísmo, y decidió liquidar a millones de judíos. Pero Hitler no es sólo un discípulo, es también un genio. Fue en la Noche de los cuchillos largos donde Stalin encontró la idea para las grandes purgas del Partido en 1937. Debe creerme. Yo he hablado, usted ha callado, pero sé que para usted soy un espejo.”

Grossman, V., Vida y destino, trad. de M. Rebón, Galaxia Gutenberg, Barcelona, 2007, p. 110-111.

 

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Museo de la Gran Guerra Patria, Parque de la Victoria, Moscú / Музей Великой Отечественной войны, Парк Победы, г. Москва

 

“El comisario les preguntaba qué tal había ido la separación de las muchachas de los Urales, si habían gastado mucho papel escribiéndoles cartas, si recibían puntualmente en la estepa la Estrella Roja.

Luego, la tomó con el intendente:

- ¿Qué han comido hoy los soldados? ¿Y ayer? ¿Y anteayer? ¿Tú también has comido sopa de cebada y tomates verdes tres días seguidos? ¡Mandad llamar al cocinero! –ordenó entre las risas de los tanquistas-. Que venga y nos diga qué ha preparado hoy para el intendente.

Sus preguntas sobre las condiciones de vida de los tanquistas sonaban como un reproche a los comandantes de las unidades. Era como si les estuviera diciendo: ¿Por qué pensáis siempre en el material y nunca en los hombres?”

Grossman, V., Vida y destino, trad. de M. Rebón, Galaxia Gutenberg, Barcelona, 2007, p. 629-30.

 

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«En los años de la Gran Guerra Patria, desde julio de 1942, este edificio albergó un orfanato para los niños [evacuados] del bloqueo de Leningrado» (Placa en una escuela de Súzdal / Надпись на одной из школ в Суздале).

 

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Benjamin, Walter, Diario de Moscú, trad. M arisa Delgado,Taurus, 1990, p, 23.

 

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«¡Atención! El oso ruge cada hora desde las 9.00 hasta las 21.00. Tengan cuidado, mantengan la calma»

 

Quédate en el rincón hasta que dejes de pensar en un oso blanco”, le dijo  su hermano a Tolstoi , pero el joven Tolstoi fue incapaz de hacerlo. Se quedó horas en el rincón pensando sin parar en osos blancos.

 

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Inicio de la primavera, Vladímir / Начало весны, г.Владимир.

 

“Te oigo musitada en la imperceptible tristeza, en la amistad, en la calle vacía junto al canal Fontanka, en el umbral de una casita de madera, en los ojos de una mujer ilusionada y siempre entre copos de nieve silenciosa que no te hacen callar.

Háblame lengua rusa: te escucho en el fluir de los anchos ríos. En la blanca corteza de los abedules, yo leeré tus palabras.”

Zuñiga, J. Eduardo, El anillo de Pushkin, Bruguera, 1983, p, 155.

lunes, 3 de septiembre de 2012

Penúltimas lecturas de verano 2012 (XVIII). Libertad, libertad con y sin ira: Sharon Hayes, J. Franzen , F. F. Coppola y C. León


“Para Einar, Estados Unidos era la tierra de la libertad no sueca, el lugar de espacios abiertos donde un hijo aún podía imaginar que era especial.  Pero nada altera tanto la sensación de ser especial como la presencia de otros seres humanos que se sienten igual de especiales. Tras alcanzar, gracias a su inteligencia innata y al duro trabajo, cierto grado de prosperidad e independencia, pero no lo suficiente ni de lo uno ni de lo otro, se convirtió en todo un modelo de ira y decepción (…)Si un coche se le acercaba de frente por la noche con las largas encendidas, Einar respondía poniendo también las largas y dejándolas encendidas. Si un mentecato se atrevía a intentar adelantarlo en una carretera de doble sentido, pisaba a fondo el acelerador para igualar la velocidad del otro coche y luego desaceleraba para impedir que el aspirante a adelantarlo pudiera volver a colocarse detrás, obteniendo especial placer cuando existía peligro de colisión con un camión que venía de frente. Si otro conductor lo obstaculizaba o se negaba a cederle el paso, perseguía al causante de la ofensa e intentaba sacarlo de la carretera, para poder apearse e intentar insultar a gritos al conductor. (El carácter propenso a la fantasía de la libertad ilimitada, es también, cuando la fantasía se echa a perder, un carácter proclive a la misantropía y la rabia).”

Franzen, Jonathan, Libertad, ed. Salamandra, 2012, Trad. de Isabel Ferrer, p. 533.

“La historia que explicaba todo era la de Bonasera, el de la funeraria. había venido a América, la América de las leyes, pero a veces la ley no llegaba ni protegía a los ciudadanos y había que acudir a un padrino, un
amigo, un vecino o a alguien influyente y pedir protección, el tipo de protección que quizá el país no proporcionaba a los ciudadanos. Esa pequeña cuestión siempre me había inquietado. y trate de escribir eso como comienzo de la película, empezando con las palabras que consideré adecuadas la la película que me proponía hacer: “Creo en América”.

F. F. Coppola. Versión comentada de El Padrino I.

“Para muchos y muchas de nosotras, el 15 M ha significado, a priori, una salida a la asfixia. Es demasiado pronto para decir si, además, entre sus efectos colaterales va a tener el poder de inocular algún disolvente de lugares comunes, fosilizados, en los cerebros que tienen la obligación de pensar (…) Tendríamos que encontrar nosotras el pliegue que nos sacara de la Ahistoria. Que nos devolviera al devenir, a lo informe, a la posibilidad, ha escrito Silvia Nanclares (en El sur: instrucciones de uso). Despacio y por nuestros propios medios, estamos aprendiendo a abandonar los tutelajes verticales. Tal como estamos haciendo en las calles, tendremos que abrir nosotras mismas
el agujero de la Ahistoria y la cohesión normalizadora y procurarnos el resquicio que libere la identidad y el pensamiento. Porque si antes nos pudo valer la libertad sin ira, nos hemos visto reducidos a ser obedientes hasta en la cama. Bien, pues ya no más.

Carolina León, Libertad sin ira: qué fue de la crítica literaria (y cualquier otra) en la CT, en CT o la cultura de la transición, Varios autores, Debolsillo, 2012, p. 98-99.


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Fotos de la exposición Habla, de Sharon Hayes (Centro reina Sofía, Madrid