Viaje a Francia en 2016

viernes, 6 de julio de 2012

Los recientes dibujos atribuidos a Caravaggio

 

«Caravaggio teneva l'oggetto da dipingere esposto tanto a lungo ai propri occhi, fino a raggiungere col colore la verità» (Joachim Von Sandrart,1679)

No sé si  algunos artistas se amoldan a modelos imaginarios sobre la genialidad humana o es su vida y obra la que crea esos  patrones ideales. Seguramente, ocurren las dos cosas. Las creatividad e incansable capacidad de trabajo de Leonardo hace de él el emblema de la inteligencia productiva, la versatilidad del ingenio puesto a trabajar; el desorden mental de Van Gogh, su tendencia al ensimismamiento, lo convierten en el símbolo del artista que impone su visión de la realidad sobre la visión del resto de los mortales, en el epítome de quien obedece a su propia estrella, le lleve donde le lleve; Morandi encarna al creador silencioso, ajeno a los laureles, capaz de sufrir la rutina diaria y al tiempo brillar como pocos en sus telas. En el ámbito literario, la lectura común que se hace de los poetas o pensadores no es muy distinta. Rimbaud representa la vida breve pero intensa, la chispa que no puede durar; Benjamin dibuja los rasgos del pensador insobornable y anómalo al tiempo, ajeno al ámbito académico.

En las lecturas, mistificadoras quizá, que hacemos de todos esos personajes  proyectamos nuestros deseos. La visión que tenemos de ellos deja traslucir el sueño de una existencia ajena a los caminos trillados de la mediocridad, el anhelo de una vida en la que la voluntad se impone a las constricciones del poder, el estado, la familia, la pareja, el trabajo. Los artistas pagan  distintos peajes por ello, desde el suicidio, el internamiento en manicomios, la vida monástica, la pobreza…pero en las chispas de esos roces con lo establecido vemos que la creación va de la mano con la crítica, la resistencia,  la oposición al poder, al gusto imperante, a las ideas comunes.

Leo que dos historiadores del arte, Maurizio Bernardelli Curuz y Adriana Conconi Fedrigolli, han descubierto, tras un largo trabajo de búsqueda en algunas iglesias milanesas y en los fondos del Castillo Sforzesco (Milán), un centenar de dibujos atribuibles a Caravaggio, pertenecientes al periodo en el que el artista trabajó en el taller de Simone Peterzano, cuando, sin embargo,  era todavía casi un niño. A través de algunas imágenes recolocadas con Photoshop se han puesto en evidencia ecos, parecidos, resonancias con otras obras de Caravaggio, pero, puestos a buscar, se podrían encontrar otras tantas analogías con un fondo común icónico a disposición de los artistas del momento. Supongo que tendrán que ser los documentos, entre los cuales parece que se cuenta con una nota autógrafa del mismísimo Merisi (Vid. última foto), aspectos cronológicos y un análisis detallado de los dibujos, los que confirmen la atribución o la den por dudosa. Salvo lo que en términos policiales podría considerarse un vuelco en la investigación, lo más probable es que los dibujos sigan atribuyéndose a Peterzano.

En cualquier caso, evocar el nombre de Caravaggio despierta otro de los modelos de la genialidad, esta vez ligada al exceso vital, a la afirmación del placer violento y desmedido, al afán por retar a las leyes. Y una vez más, la vertiente parasocial del creador iría íntimamente ligada a los frutos de su creación. Hasta ahora, no existían dibujos de atribución segura a Caravaggio y la tradición sostenía que pintaba sin esbozos ni dibujos preparatorios, un rasgo más que añadir al retrato romántico del artista excepcional. Además, como señala Il Giornale, la  ajetreada vida del pintor, en particular tras la huida a causa de su condena a muerte, le impedía pintar su telas con modelos del vivo, viéndose obligado a tirar de su repertorio visual memorizado. Si el carácter es el destino, Caravaggio habría sabido  hacer virtud de la necesidad en algunos aspectos.

He aquí unos pocos de los dibujos hallados, o más bien vueltos a sacar a la luz, por los historiadores y algunos montajes que los ponen en relación con obras conocidas del artista, aunque en algún caso el Photoshop acentúe paralelismos que probablemente también se podrían encontrar con obras ajenas.

Fuente de las imágenes:

"Ritrovati 100 disegni di Caravaggio"

 

"Ritrovati 100 disegni di Caravaggio"

 

"Ritrovati 100 disegni di Caravaggio"

 

"Ritrovati 100 disegni di Caravaggio"

 

"Ritrovati 100 disegni di Caravaggio"

 

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"Ritrovati 100 disegni di Caravaggio"

 

Fuente de los montajes:

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miércoles, 4 de julio de 2012

Las sorpresas del madrugador que pasea a su perro por la ciudad. ¿Restos de extraños rituales o meras casualidades?

Quien deambula por la ciudad temprano por la mañana, si no está ya demasiado tenso como para no poder atender a los detalles del paisaje urbano, suele cruzarse con personajes curiosos de todo tipo, desde trajeados ejecutivos cuyo cutis recién afeitado resplandece obscenamente, hasta mendigos que afanosamente se van recolocando los pantalones, hacen pis junto a un seto o se lavan en una fuente pública. En El retrato de Dorian Grey, de O. Wilde, creo recordar que hay unas estupendas páginas dedicadas a esos momentos del día en los que se cruzan los caminos de quienes vuelven de la juerga y quienes van al cautiverio del trabajo, unos recién descansados y los otros recién agotados.

Una de las fuentes de mayores sorpresas es el suelo, zona a la que están particularmente atentos los dueños de los perros madrugadores, en particular los que ya han asumido que durante los alrededor de quince años de la vida de sus animales domésticos tendrán que levantarse, de temprano a  muy temprano, para pasearlos. Los que todavía no han asumido su condena, andan malhumorados, farfullando maldiciones contra los miembros de su familia que han acabado por delegar el paseo del can en sus manos, o mirando a los otros paseantes con cierto sentido de culpa, como si supieran que solo los oficinistas o los obreros tienen derecho pleno y obligación  de madrugar. Los paseantes de perros, para aliviar su sensación de que son intrusos en el mundo de la madrugada, ni curritos ni juerguistas, fingen tener prisa por volver a casa para después  irse corriendo a fichar, se visten como si el paseo canino fuera un mero trámite antes de empezar su verdadera jornada, caminan contrariados como si no aceptaran  que un ser inferior, por muy buena persona no humana que sea, tuviera el derecho a no querer oír hablar de hacer caca o pis en casa ni en las fiestas de guardar, como, por otra parte, se le enseñó de cachorro.

Pero quien ya se ha acomodado a su destino, quien incluso está más atento a lo que su perro va descubriendo, a las trayectorias que dibuja su olfato, goza sin parar de las sorpresas que, mimetizadas en el suelo, pasan desapercibidas a la mayoría. Un dueño de perro me ha contado que, junto con su schnauzer, ha encontrado ya en los parques públicos tres teléfonos móviles inteligentes, dos carteras, amén de tantos objetos desagradables, entre los que predominan los preservativos. Por mi parte, al amanecer, he visto sofás flotando en los lagos urbanos, sofás en medio de salones al aire libre, restos de misteriosas juergas entre muñecos, arcoíris dobles y vestigios de extraños rituales o quizá meras casualidades.

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