Viaje a Francia en 2016

jueves, 24 de junio de 2010

Ceci n´est pas une churrería. Nuevos graffitis in town. La revolución melancólica.

En la Calle de la Manifestación, a la antigua churrería le ha sido lavada totalmente la cara por unos herederos en armas de Guillermo Brown

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Chaos Kids. Against adult facism. Cartel pegado en la fachada.

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Una jaimitada de antología:

Italianos que no van con su selección. Haberlos húbolos

Apoyar a la selección, en especial a la selección de futbol, se ha convertido en la máxima expresión de afecto por la nación. Pero también existe aquel a quien la música del balón nunca le supo levantar, o quizá sea el tipo de nación que intuye que está detrás de ese apoyo lo que no le motiva. Existe incluso el que apoya al rival, una contraimagen del  que, como la mayoría, va con equipo de su país. ¿Qué juicio merecen esos individuos, de qué delito son reos? ¿Por qué se ganan esa mirada que les echan los espectadores de la siguiente escena de La meglio gioventù, si hoy en día no hay caso nada tan sagrado como la propia opinión? ¿Cómo es posible escribir las cosas que escribe J. Carlin sin entrar por un instante en el fondo de la cuestión? 

La escena en cuestión, subtitulada en inglés, empieza hacia el minuto uno

La fidelidad al propio equipo, que dura toda la vida, hace pensar que el patriotismo deportivo ha emulado a los patriotismos nacionales, fundados en el antagonismo, incorporando el factor de la territorialidad. El patriotismo del deporte representa, por pretendida ficción (Veblen), el antagonismo puro, vacío, sin contenido alguno, o el patriotismo genérico, indeterminado, que, de rechazo, trasluce la propia gratuidad del patriotismo armado. (R. Sánchez Ferlosio)

miércoles, 23 de junio de 2010

Dulces horrores. Un menú largo y estrecho: 20 segundos de cuarenta canciones del verano n Italia.

Repubblica promueve una votación para elegir la mejor canción del verano entre las canciones del verano de los últimos cuarenta años. Ahí es ná. Una dulce tortura para los oídos. Por suerte, no se puede escuchar más de veinte segundos de cada una de ellas. Bastan para provocar la mezcla de aborrecimiento y seducción que acompaña a melodías semejantes. Ingenio, vulgaridad, clichés, pizcas de gracia, sorprendentes hallazgos, melodías destinadas a morir el primer día de vuelta al trabajo, otras que aún perduran y muchos vagos recuerdos que como nubes de verano parece que van a traer cola, pero suelen estar cargadas con poca agua. Por eso, a veces cinco segundos bastan para pasar a la siguiente.

Por ahora, en la votación  va ganando Vamos a la playa.

He aquí un popurrí de fragmentos:

Verano italiano, un estate al mare, sole, cuore, amore and the boogie; la vida es competición in a Barbie world. Voglio stare acceso with the rhythm of the night…Ma che voglia di arrivare al mare, depende, llorando estarás. Give me hope pa mi patilla, ´cause I´m a lady. Un palazzo che brucia in città, así es que vamos a la playa, oh, oh, oh, oh, oh: dormire, salutare, nuotare, troppo bella per sbagliare, Gloria, mancavi tu Ymca, apri la bocca a un guerriero ramaya del faro. E tu fatta di sguardi, pazza idea coltivare la sua rosa finché la barca va.

De cómo Zaragoza no robó la idea de arte moderno a nadie

Del pop al popping. Entre Lichestein y Bacon, sin perder de vista el cómic.

Nuevos graffitis adornan la ciudad. Estos están en la Plaza se S. Felipe, aunque quizá sea ya C/ Torre Nueva.

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martes, 22 de junio de 2010

De “cachorro de reportero” a “Er king of paparazzi”. Rino Ballinari y el cine italiano (1).

Desde el 11 de junio se celebra en Lucca, como prólogo al Lucca Digital Photo Festen una exposición antológica dedicada a las mejores instantáneas tomadas por Rino Ballinari, el llamado King of paparazzi. Calabrés de origen, llegó a Roma a principios de los sesenta, cuando tenía solo 14 años y la ciudad ya era conocida como Hollywood on the Tiber. En pocos años pasó de ser llamado cucciolo di reporter por sus colegas a poder autocoronarse como El rey de los paparazzis
A partir de principios de los 50 Roma había empezado a ser conocida como Hollywood on the Tiber. En el ámbito de una política proteccionista, las grandes productoras americanas se vieron obligadas por ley a invertir en suelo italiano las ganancias allí obtenidas, lo cual condujo a un gran desarrollo de la industria, basado en particular en las películas de género, las de romanos y las del oeste concretamente. El rodaje de Ben Hur costó en 1958 la increíble cifra de 15 millones de dólares y para las famosas carreras de bigas se importaron de Yugoslavia 120 caballos. Películas como Ben Hur supusieron una inmejorable publicidad para la ciudad, esa Roma que en 1953 había aparecido en Vacaciones en Roma, de W. Wyler, con G. Peck y A. Hepburn, cuyas imágenes sirvieron de inmejorable promoción turística para la ciudad. La bicicleta de las primeras pelis neorrealistas había sido sustituida por la motocicleta como medio de locomoción privilegiado para los desplazamientos urbanos.

Celebrità  rubate  nelle foto di Barillari
Audrey Hepburn Foto di Rino Barillari

Muy a menudo, la Roma de las pelis de romanos era una Roma falsificada en escenarios de cartón piedra, como lo era también la historia que servía de fondo a los argumentos. C. Augias señala cómo F. di Biagi en su libro sobre Cinecittà hace notar que en Gladiadores (D. Daves, 1954) se llegó a cometer una falsificación tan grotesta que seguramente fue hecha aposta. Entre las esculturas que adornan el Coliseo figura una réplica del David de Miguel Ángel, ese patán colosal (J. Addington Sysmond) o mozo de mercado (Théophile Gautier).

au(Augias, Corrado, I segreti di Roma, Milano, Oscar Mondadori, 2007. , p., 190. La primera edición es de 2005. Un excelente libro, fruto de las pesquisas y los recuerdos de C. Augias, para hacer turismo cultural en Roma)

Esa Roma cinematográfica fue un trampolín para la mundanidad de las fiestas con piscina, las borracheras, los excesos en los hoteles de Via Veneto. Claro, que la mayoría de los romanos vivía aún en medio de los últimos coletazos de la penuria provocada por la gran guerra. En los años de la recostrucción, los turistas americanos son, a menudo, presentados como candidatos al timo. Como señala G. P. Brunetta (Cent´anni di cinema italiano, 2. dal 1945 ai giorni nistri, Laterza, 2004, p. 44). Si en Guardie e ladri (Steno, Monicelli, 1951), Totó vende la Fontana di Trevi, otros no se cortan un pelo: “Le he vendido el Coliseo por 5000 dólares”, “Yo vendo las cosas de casa, el Golfo de Nápoles, la Torre de Pisa” (L´eroe della strada, C. Borghesio, 1958). La escena inicial de Guardie e ladri da idea, en clave satírica, de lo que un americano listillo podía encontrarse en la ciudad:


Augias describe así el cambio de costumbres que fue produciéndose con el paso de los años y el desarrollo capitalista:

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Pero, como señala acertadamente Gian Piero Brunetta (ibid, p., 107-108), la estrecha relación entre Hollywood y Cinecittà, los grandes estudios cinematográficos romanos, no es solo de colonización, sino de intercambio de energías estelares:

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Pero la americanización, tan evidente en el aparato propagandístico y en la presión sobre el imaginario popular para que se confundan las tramas de la ficción cinematográfica con las de la vida privada de las estrellas, sostiene Brunetta, no es tan marcada en los procesos narrativos, productivos y estilísticos.
La sabia local se las ingenia para demostrar hasta qué punto era posible romper las cadenas del colonialismo a través de un grupo de forzudos gracias a los cuales fue vencido el público de medio mundo:

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Y es que no solo de superproducciones vivía la gente del cine. Si la Cleopatra de Mankiewicz (1963) costó más de cincuenta mil millones de liras, Las legiones de Cleopatra (Cottafavi, 1961), digno producto local, no costaron más de mil millones (cfr. Brunetta, opus cit., p., 156)

brupot(El segundo volumen de Cent´anni di cinema taliano, Laterza, Terza edizione, 2008, en el que G. P. Brunetta ofrece una interpretación contextualizada históricamente del cine italiano, desde sus orígenes hasta casi nuestros días)


Bastaba que el cine hiciera disfrutar para que tuviera éxito y da la sensación de que durante muchos años los lectores de las expectativas del gran público, con pocos o muchos medios, supieron ofrecer lo que éste deseaba soñar despierto en la penumbra y sentado en una butaca, protagonista y comparsa de una ceremonia en la que lo individual y lo colectivo se fundían y potenciaban al tiempo durante alrededor de hora y media.
El gran Visconti, ya en 1951, había hecho un retrato de todas las necesidades e ilusiones que se podían proyectar, con cordura o sin ella, en el cine:


Fellini acabaría retratando en La dolce vita (1960) las grietas de ese desarrollo capitalista, el reflujo melancólico que producía, lo que antes se llamaba alienación, a través de estupendas imágenes alegóricas dispuestas como un menú degustación, largo y estrecho, con lo peor y algo de lo mejor de aquellos años.

En esa Roma es en la que Ballerini se moverá como pez encantado de pescar –y, a veces, ser pescado por colegas de más edad de los que se llevó algún pescozón- en las orillas de Tiber y esa Roma es la que retrata en sus instantáneas. "When I arrived in Rome in the early '60s, it really seemed like America to me, it was crazy."


Ursula Endress Via Borgognona, Roma.

Entre los muchos de personajes de aquellos años que estuvieron vinculados a Roma, hay una actriz que brilla en todos los sentidos. La estela que ha dejado a través de sus películas y de su peripecia vital aún despierta curiosidad. Me refiero Ingrid Bergman y a su vida en Italia…

Celebrità  rubate  nelle foto di Barillari
Continuará

lunes, 21 de junio de 2010

Por fin la industria produce una mozzarella azul. La cosa huele a “puffo” (“pitufo”, en italiano)

Parece ser que todo empezó porque un señora de Turín grabó cómo una mozzarella fresca, al poco de ser abierta, se pitufaba, pasando de su color natural a adquirir el tono que refleja la foto:

Procura ha aperto inchiesta. Segnalazioni anche da Trento

Más fotos.

No es la primera vez que grandes partidas de mozzarella presentan posibles problemas sanitarios. Ayer, día 20 de junio, produjo la retirada cautelar de 70.000 quesos que, provenientes de un gran establecimiento industrial alemán,  se encontraban ya en el Norte de Italia para ser distribuidos por los supermercados.

La sintonía italiana de los pitufos dice cosas como estas:

Los pitufos saben respetar a la naturaleza, vamos, vamos a intentarlo nosotros también…la naturaleza nos lo agradecerá, todo cambiará, nuestra tierra sanará, madre naturaleza siempre piensa en nosotros y todos los pitufos son amigos suyos.

La mozzarella debe ser blanca y delicada. Es un producto que tiene algo de simbólico, un termómetro de la salud y de la pureza de la tierra donde se produce, como los berberechos de las rías gallegas o las cebollas dulces de Fuentes de Ebro. Parafraseando un viejo eslogan publicitario sobre el café, la mozzarella es un placer, y si no es buena, pues vaya un placer… La cuestión de la posible contaminación de la mozzarella campana se puso de actualidad tras la publicación de Gomorra (Mondadori, 2006), libro en el que R. Saviano ponía de actualidad la alta contaminación que sufría la región debida a la acumulación de deshechos industriales ilegales. En Gomorra, por otro lado, Saviano se refiere bastantes veces a la mozzarella. En una de ellas habla de las localidades que se enorgullecen de ser las mejores productoras y de las características que delatan su calidad:

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savport Saviano, Roberto, Gomorra, Viaggio nell´impero economico e nel sogno di dominio della Camora, Milano, Mondadori, 2006, p., 284.

La edición española de bolsillo (Debolsillo, 2010) apareció mucho antes que la italiana.

En otro capítulo,  Saviano cuenta cómo un ejecutivo medio bajo de la camorra, Mariano, llevó de regalo a su ídolo, el mismísimo Kalashnikov, no sé si decir el diseñador o el inventor del fusil ametrallador homónimo, un bote lleno de mozzarellas. A Mariano, por su colaboración en un negocio, le habían prometido un mes de vacaciones, “cosí da poter realizzare il sogno di andare in Russia a incontrare M. Kalashnikov; aveva avuto persino garanzie da un uomo delle famiglie russe che aveva giurato di conoscerlo. Mariano avrebbe potuto così incontrarlo, fissarlo negli occhi, toccare le mani che avevavo inventato il potente mitra” (ibid, p., 183). Y a Mariano no se le ocurrió otra cosa que llevarle lo mejor de su tierra, el casertano:

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Ibid., p., 193.

Y comieron perdices, pero quién sabe si fueron estomacalmente felices. Lo digo por el vodka, claro.