adiós

sábado, 6 de febrero de 2010

Rincón de las versiones (28). Todo un año de amor, pero, ay, era bisiesto.

“No puedo vivir sin la atmósfera del amor: me hace falta amar y ser amado, sea cual sea el precio que tenga que pagar” (O. Wilde, carta a R. Ross, citada en Todorov, Tzvetan, Los aventureros del absoluto, Galaxia Gutemberg, trad. J. M. Ridao, pág. 75)
Esta canción es conocida en España porque Almodóvar la incluyó, cantada por luz Casal, que sabe del asunto, en Tacones lejanos, uno más de sus intentos de hacer buenas películas o de conformarse con la mediocridad, que uno ya no sabe cómo tomárselo.
Hay amores que solo duran lo que un cruce de coches en una carretera. A veces, si el tiempo lo permite, previa bajada de ventanillas, incluyen un intercambio de opiniones sobre padres, maridos e hijos. Otros amores duran  una noche, el tiempo que separa el anochecer del día, juntos los amantes quizá porque no había otro sitio donde aparcar el cuerpo. Los hay también de semana entera, como los coches que se quedan  en los aeropuertos a la espera de que vuelva el ejecutivo de su viaje. 

Entre los breves, los de máxima duración no suelen llegar al mes,  cuando empiezan a aparecen los rayones, que tarde o temprano la proximidad en un parking estrecho lleva a pequeños roces. 

Quizá los mejores de los amores  cortos suceden cuando dos coches se encuentran en una tercera ciudad, porque, como no la conocen bien, se sienten inseguros y  van siempre uno detrás del otro, cogiditos de la matrícula. Cuando se comparte por más tiempo la plaza de aparcamiento hay que empezar a pensar que en el bote entran otros intereses o que hay afinidad verdadera, tal vez, se comparte aseguradora o taller de reparaciones, o incluso  se intercambian piezas. El peligro entonces viene  del propio coche, un tema demasiado delicado para esta ocasión, o de terceros vehículos que pueden interferir en la trayectoria. Nunca se sabe si es mejor que le den a uno, y por dónde, o que el  golpetón se lo propinen al bólido de la pareja. Estropicio y contento ante la perspectiva de sacar provecho de la situación, y quizá un coche nuevo, se mezclan. En un año, un vehículo a motor ha perdido más del cincuenta por cien de su valor, aunque siempre hay compradores dispuestos a pagar bien y coches que funcionan mejor con otro propietario. Pero, desde luego, por un año de amor no hay que ponerse como en la canción, que el amor no se mide en tiempo ni se puede atesorar. Parece la letanía de un director de agencia bancaria cuando el cliente se quiere llevar la nómina a otro banco por una buena oferta.
Parece ser que este es el original. El tono es distinto al de las versiones posteriores. Aquí hay un duelo por lo irremediablemente perdido.
Je sais que c'est fini
Je sais mais je t'en prie
Ecoute-moi quand même
Ecoute-moi car je t'aime
Depuis qu'on s'est quitté
Je suis seul, étonné
Mes jours sont tellement lents/Et vides et obsédants
Je suis seul, la nuit vient
Et je me souviens/D'un an d'amour/Les matins indolents/Les soirs de pluie/Les vacances et le vent/Et ton corps blond/De soleil et de sable/Un an d'amour/C'est irréparable/Un an d'amour/C'est irréparable/Maintenant ce n'est plus moi/Un autre est avec toi/Et toi, tu lui souris/Comme tu m'avais souri/Et ce sourire, tu vois/Je te hais pour cela/Je te hais mais je t'aime/Au fond ça revient au même/Je t'aime, le comprends-tu ?/T'ai-je vraiment perdue ?/Un an d'amour/Des années de regrets/Des feuilles mortes/Et le temps passé/L'automne emporte/Les rêves et les fables/Un an d'amour/C'est irréparable/L'automne emporte/Les rêves et les fables
Un an d'amour/C'est irréparable.
MIna.  (http://it.wikipedia.org/wiki/Mina_(cantante), http://en.wikipedia.org/wiki/Mina_(singer)
UN ANNO D'AMORE: Si può finire qui ma, tu davvero vuoi buttare via così un anno d'amore? Se adesso te ne vai da domani saprai un giorno com'è lungo e vuoto senza me. E di notte e di notte per non sentirti solo ricorderai i tuoi giorni felici, ricorderai tutti quanti i miei baci... E capirai in un solo momento cosa vuol dire un anno d'amore, cosa vuol dire un anno d'amore. Lo so, non servirà e tu mi lascerai ma dimmi, tu lo sai che cosa perdiamo? Se adesso te ne vai non le ritroverai le cose conosciute vissute con me. E di notte e di notte, per non sentirti solo, ricorderai i tuoi giorni felici, ricorderai tutti quanti i miei baci... E capirai in un solo momento, cosa vuol dire un anno d'amore. E capirai in un solo momento, cosa vuol dire un anno d'amore.
Mina en español, con una letra distinta de la versión de L. Casal.
El Cigala, siempre con gracia, y Mina.
Luz Casal. Buena dicción.
Lo nuestro se acabó y te arrepentirás
De haberle puesto fin a un año de amor.
Si ahora tu te vas pronto descubrirás
Que los días son eternos y vacios sin mí.
Y de noche , y de noche por no sentirte solo,
Recordarás nuestros días felices, recordarás el sabor de mis besos./Y entenderás en un solo momento/Qué significa un año de amor./Qué significa un año de amor./Te has parado a pensar lo que sucederá/Todo lo que perdemos y lo que sufrirás./Si ahora tu te vas no recuperarás/los momentos felices que te hice vivir./Y de noche , y de noche por no sentirte solo,/Recordarás nuestros días felices,/Recordarás el sabor de mis besos./Y entenderás en un solo momento/Qué significa un año de amor./Y entenderás en un solo momento/Qué significa un año de amor.

viernes, 5 de febrero de 2010

Rincón de las versiones (26). De quien perdió sin querer su anillito de desposado. Francés quebequés.

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Un conocido escritor lanzó contra W. Disney una condena a la eternidad helada por el daño que había hecho a los niños, entre otras cosas antropomorfizando a los animales. Seguramente, porque les maleducaba en el sentido de que les impedía ver a los bichos como tales, como diversos y al tiempo semejantes.

Lo de esta canción es otra cosa, aunque los videos insistan en las focas de carne y hueso. Es una especie de fábula sobre la emigración forzosa. Se queda en el lamento, no llega a pedir el reagrupamiento familiar, quizá por ello, porque se limita a hablar de la pena,  es una monada.

  La letra está en el video.

Lo mismo en francés hexagonal. Lo que pasa es que cantada a dúo pierde la gracia del llanto del que está solo.

Y otra.

LA COMPLAINTE DU PHOQUE EN ALASKA
paroles et musique: Michel Rivard
Cré-moé, cré-moé pas
Quéqu' part en Alaska
Y a un phoque qui s'ennuie en maudit
Sa blonde est partie
Gagner sa vie
Dans un cirque aux États-Unis /Le phoque est tout seul /Y r'garde le soleil /Qui descend doucement sur le glacier /Y pense aux États /En pleurant tout bas /C'est comme ça quand ta blonde t'a lâché
REFRAIN:
Ça vaut pas la peine /De laisser ceux qu'on aime /Pour aller faire tourner /Des ballons sur son nez /Ça fait rire les enfants /Ça dure jamais longtemps /Ça fait plus rire personne /Quand les enfants sont grands /Quand le phoque s'ennuie /Y r'garde son poil qui brille
Comme les rues de New York après la pluie /Y rêve à Chicago /À Marilyn Monroe /Y voudrait voir sa blonde faire un show /C'est rien qu'une histoire /J' peux pas m'en faire accroire /Mais des fois j'ai/l'impression qu' c'est moé /Qui est assis sur la glace /Les deux mains dans la face /Mon amour est partie pis j' m'ennuie
(REFRAIN)

Sobre Beau Dommage: http://fr.wikipedia.org/wiki/Beau_Dommage

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jueves, 4 de febrero de 2010

Rincón de los repo(r)tajes (8). Pasar por el Paredón sin ver. Vituperio de la ceguera.

Hay quien pasa por delante sin girar la cabeza. Otros me dicen que van a ver la exposición, se ponen delante de una de las obras, les entra una especie de nerviosidad y se van corriendo, no sin antes decirme, luego vuelvo, ante lo que yo pienso, para qué, y, sobre todo, por qué te justificas conmigo. Alguno me ha dicho, ahora mismo voy a verla antes de subir a clase. Le he observado y o me había mentido, cosa que no creo, o al cabo de un minuto se había olvidado de lo que parecía pocos segundos antes un firme propósito. Alguna otra persona me señala que este año voy a poder absorber mucho arte. No sé si los programas de mano son leídos, pero basta un vistazo al contenido para darse cuenta de lo absorbido durante 30 años de visitas y lecturas. Además, no acierto a entender por qué la premisa es que uno no debe haberlo absorbido antes, si es algo tan hermoso. Un profesor mandó hacer unas redacciones sobre una de las exposiciones y  un alumno andaba desesperado sin saber qué decir. Se abanicaba el sofoco  el folleto, pero ni se le había pasado por la cabeza leérselo. Le fue sugerido que fuera a ver otra vez la exposición, que hablara sobre una pareja y un código de barras y resultó que no había visto ninguna pareja (había tres) ni, por supuesto, código de barras alguno (había otros tres). Y qué se puede decir de quien ha cruzado decenas de veces por allí y no sabe que ha habido exposiciones.

Sin embargo, una niña me escribió diciendo que llevaba a la pareja del paraguas de pantalla del móvil, una compañera se ha decidido a regalar un recorte a unos amigos que se van a vivir juntos, algunos se han animado a dejar comentarios, la mayor parte de las veces elogiando lo visto. Además, unos cuantos se han ofrecido a exponer. Uno de las candidatos, sin embargo, vino dándome a entender que lo hacía por su profesor más que por ella misma. Me decía, vale, llevo lo que tengo hecho, pero no voy a llevar lo mejor, que me da pena.  Le contesté, dese cuenta de que si lo que Vd.  juzga lo mejor no deja de ser mediocre, lo que pretende exponer quizá va  a gustar poco. Pero, nada, erre que erre, que lo mejor se quedaba en casita, no se fuera a resfriar.

Por todo ello, a pesar de lo que tiene de salvaje, de desconsiderado, de intolerable, no dejo de sentir cierta simpatía hacia quien destrozó el trampantojo que estaba pegado al final de puente de Santiago, en esa parte curva que precede a las escaleras de acceso al Parque de Macanaz, las que permiten bajar a la explanada de Helios. Tengo aquel magnífico trompe l´oeil por una obra perteneciente a las campañas del Ayuntamiento en apoyo de los jóvenes creadores. Pero algún observador radical, al que le fallaba el sentido común, pero no la vista, lo contrario de lo habitual, no pudo soportar el efecto de la ficción, que le dieran ventanas por murete, y quiso restituir el orden tajante de lo real, al pan pan y al vino vino. Una parte de mí congenia más con él  con quien no ve. Desgraciada la piedra, que no siente.

Distintos estados del trampantojo a ambos lados del puente

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miércoles, 3 de febrero de 2010

Rincón de los escaparates (5). Fruterías de lujo.

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En Cádiz, cuando llegaban los géneros de ultramar, los comerciantes se subían felices a las torres de sus casas a ver a los barcos acercarse por la bahía. Supongo que sus mujeres e hijos también se alegraban por las sorpresas que podían tocarles. La dicha que produce el objeto inesperado, insólito, capaz de colmar un deseo que no tiene nombre, pero late a la espera de ser satisfecho, es enorme. Piedras preciosas, juguetes mágicos, mascotas parlanchinas, canicas que llevan dentro una tormenta tropical. Hoy en día no queda casi nada de aquel sentimiento, a penas alguna rareza en forma de artesanía, o alguna pieza de diseño que se suele ir de precio. Y las rebajas, un lugar en que las expectativas se reducen y, por lo tanto, resulta más sencillo irse a casa con el calorcillo de bienestar que producen los objetos con halo, esos que te gusta llevar puestos o en el bolsillo. Quizá sea el móvil el último mohicano de la especie. Yo, de pequeño, recuerdo que cada nueva adquisición doméstica la vivía con emoción. Cuando llegó la primera lavadora automática,  me senté delante de ella y me vi el programa completo. Lo que más me gustó fue el centrifugado, que debe de ser el equivalente de las escenas de cama en una película, un momento en el que el espectador deja de pensar y es todo ojos, o todo ensoñación, pero poco raciocinio. Una cosa alienante, pan, sexo y circo, vamos.

Las únicas tiendas en las que sufro esa especie de hipnosis por deslumbramiento son las fruterías de lujo. Cerezas a 24 euros y del tamaño de un huevo de más de un pajarraco, bananas descomunales que se pueden guardar para la siguiente comida, unos melocotones que yo no me atrevería ni a pelar, y melones que si te caen en un pie te lo averían, amén de frutas tropicales, ajos del color violáceo del pelo de algunas ancianas y patatas con cutis de sueca, mandarinas que te provocan pesadillas al pensar en cómo deben ser las naranjas. Tanto me impresionan estos sitios que nunca he comprado nada, porque, además de lo tacaño que soy, me da reparo entrar y pedir una manzana. Y es que llevarme un quilo  me horroriza, porque en el fondo siento que hay algo imposible de creer en una compra al peso de lo excepcional. Esta frutería de la foto carece de puerta, como si el frío o el calor no le afectara, como si su género fuera tan especial que no estuviera sujeto a las inclemencias de Zaragoza, ciudad inclemente donde las haya.

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martes, 2 de febrero de 2010

Rincón de los reportajes (7). Not so easy rider. disparate/dispárate/disparaté.

En medio del Parque del Tío Jorge se encuentra este vehículo, seguramente aparcado allí por decisión de algún concejal hippy o cinéfilo, en homenaje a aquella buena película de Denis Hopper a la que hace referencia el título de esta entrada. Desde luego, hace falta buscar una explicación disparatada para justificar el insólito emplazamiento de este UNFO (U. Not Flying O.), cuya soledad estremece. Quizá es solo un espejismo, un emblema del viaje a través de la noche al estercolero, un imposible centro di gravità permanente, incómodo para más inri, situado en un lugar extremo de Zaragoza, donde los pinos son altísimos, los estorninos innumerables sobre sus frágiles copas, y la indolente cadencia de sus cagadas, insoportable. El suelo está almohadillado, quizá por eso mi perro merodea sin destino, a sus anchas por entre las sombras, mientras le llamo indeciso, por otra senda yo, por otra senda, sin la suficiente decisión como para poner un pañuelo blanco en el sillín, sentarme, coger fuerte el manillar y arrancar, haciendo el ruido del motor, en moto, po, po ,po, en moto, con la garganta. Pero ocurre que la palabra estornino me deja frío. En mi afán gramatical, como son muchos, no paro de decirme, sontorninos. sontorninos. Quizá todo sea solo un espejismo, pero entonces, cómo es posible que haya salido en la foto.

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Allá, en la distancia, las cotorras, un tiempo tropicales, disfrutan de sus nidos, auténticos hoteles Boston Palafito, con servicio de habitación. Cuando salen siempre van repeinadas y dispuestas a comerse el mundo.

Al pasar cerca del UNFO, pienso en mi Beato Sillón:

¡Beato sillón! La casa

corrobora su presencia

con la vaga intermitencia

de su invocación en masa

a la memoria. No pasa

nada. Los ojos no ven,

saben. El mundo está bien

hecho. El instante lo exalta

a marea, de tan alta,

de tan alta, sin vaivén.

Jorge Guillén

domingo, 31 de enero de 2010

Ángel Duerto Oteo en la E.O.I.1 de Zaragoza. Paredondehelarte en febrero. La exposición que mañana estará colgada.

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El huerto lírico.

Presentamos en esta exposición 18 obras (1) del acreditado fotógrafo zaragozano Angel Duerto Oteo. Se trata de fotos de la era predigital, aunque, permítaseme la broma, los retoques estén hechos con los dedos, la mayoría directamente sobre el negativo. Bastantes de ellos son parecidos a los que se hacen hoy en día con los programas informáticos. También en el cine de los pioneros había muchos efectos -alguno de ellos descubierto por pura casualidad, como el truco de parada cuyo origen explica Méliès en un libro de recuerdos- que después han sido reelaborados con técnicas digitales. La diferencia entre las fotos actuales y las que componen la exposición reside en el hecho de que hoy en día con unas pocas horas de uso de un programa de tratamiento de imágenes se consiguen resultados vistosos, mientras que, entonces, conseguir los resultados que logrados por Duerto implicaba una gran pericia, amén de un finísimo trabajo artesanal. Estos dos ingredientes son, a menudo,  la antesala de muchas grandes obras.
La mayoría de las fotos son paisajes que parecen cifrar escenarios vitales, emociones, sentimientos. En ellos la naturaleza se moldea como si de un ámbito interior se tratara. La mirada de Ángel Duerto Oteo no es la de un naturalista, sino la de quien mantiene un difícil equilibrio entre la realidad observada y la realidad recreada, la realidad vista y la proyectada, entre el movimiento de recibir del exterior y el de reintegrar, reelaborado, lo visto, en una conflictiva dialéctica que evita la cosificación del paisaje gracias a una reinterpretación lírica. Más que humanizar el paisaje, se tiene la sensación de que el artista paisajiza su interior, como si sus fotos fueran el fruto de un esfuerzo por simbolizar su subjetividad a través de la naturaleza. En cierto sentido, podríamos decir que son una particular e inconsciente recreación de su propio mundo, realizada sintéticamente, codificando las emociones a través de las imágenes, si por tal entendemos lo opuesto a una lectura analítica, interpretativa de uno mismo. Un proceso semejante está presente en casi toda creación artística, pero en el caso que nos ocupa, dado que se trata de imágenes eminentemente líricas, me parece particularmente significativo.
Desde el punto de vista formal, la base recurrente sobre la que se apoya Duerto son las notas de color, dadas con tanto tino, y esas agridulces e irregulares geometrías, integradas con frecuencia en una estructura en tres niveles desiguales -que a veces es rígida y otras se desdibuja-, una tendencia al orden imperfecto. Sus fotos están pobladas de una vegetación árida que se resuelve en manchas de tonalidades delicuescentes, a caballo entre la foto y la pintura, la figuración y la abstracción, la intención y la casualidad de los efectos, los retoques.
Sobre lo concreto que celan, la emociones, las imágenes reales o ensoñadas, las peripecias vitales que han llevado al artista a darles esa forma, una vez entendido el mecanismo creativo general, poco cabe decir, pertenecen a un mundo que solo podemos entrever y por el que hasta cierto punto no debemos interesarnos. Qué importa que los matojos parezcan enmarañados sexos femeninos o que ese ojo, por cierto, el único rasgo humano que he conseguido distinguir, signifique algo concreto. Resulta indiferente descender a esas minucias. Lo importante es seguir la onda del proceso creativo, esperar que se produzca una comunicación mágica entre la obra y el espectador, esa que permite entender sin palabras, que hace caer en la ensoñación mediante la caricia del color, o por el contrario, aumenta la desazón que produce lo larvado, lo subterráneo. Si comprendemos que estas obras se asientan sobre un magma de sensaciones, recuerdos, intuiciones, quizá sintamos el melancólico esfuerzo –así lo veo yo, por ejemplo, a la luz tibia de esas lunas o soles nocturnos- que supone realizarlas y tal vez podamos apreciar la exposición como un particular huerto cultivado en el que la voz primaria de alguien se hace oír.
Imágenes precisas e intensas, bajo las que un mundo interior crepita y late con un ritmo insistente e hipnotizado. Si notamos ese difícil equilibrio entre la fuerza y la técnica, habremos conseguido establecer un diálogo enriquecedor con el artista, un diálogo parecido al que él entabló con la naturaleza, consigo mismo. Árboles, flores, plantas, un perro, que están fuera y dentro, que son íntimos y de nadie, reelaborados con mimo, poniendo de manifiesto que lo importante no es llegar lo más rápido posible, sino saber ver las flores que cubren las vías de nuestro tren, y que incluso, alguna rara vez, la realidad y el deseo se funden sin retoques.
Javier Brox
(1) Las fotos expuestas en la EOI1Z son 15, a causa del insuficiente espacio.
Algunos enlaces de interés:                         
http://www.enciclopedia-aragonesa.com/voz.asp?voz_id=4800   http://www.redaragon.com/agenda/fichaEvento.asp?id=46392 http://www.cefoto.org/artistas/premiosnacionales/nominados.htm http://www.unizar.es/artigrama/pdf/17/3varia/11.pdf http://www.diariodelaltoaragon.es/NoticiasDetalle.aspx?Id=600725

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