Viaje a Francia en 2016

jueves, 19 de agosto de 2010

¿Y si aquello no fue un timo?

Paseo por Madrid a la busca de algún reclamo visual apto para un mirón tuerto como yo. De repente, veo en una esquina de la Gran Vía a un Bob esponja de unos diez centímetros de altura, hecho con papel pintado a mano. Está bailando al ritmo de un radiocasete que vomita la banda sonora de Grease y se mueve sobre unas patolinas de hilo de lana, como el que usaba mi madre para tejer los jerséis de mi adolescencia. Unos círculos de cartulina negra hacen las veces de pies del muñeco. Lo unen al radiocasete dos finos hilos de coser, invisibles en las fotos, que presumiblemente le transmiten los impulsos de los cuales resulta su movimiento sincopado. La forma de moverse me recuerda a Travolta, pero no al de las escenas de baile, sino al pandillero que caminaba  como si fuera un descarado cachorro de dinosaurio vestido con chupa negra, al tiempo que se atusaba el tupé con un peinecillo de esos que tanta vergüenza da sacar y hasta tener en el bolsillo. El puesto improvisado -venta ambulante, me informa el titular del garito- cuenta con otros héroes infantiles del mundo del cómic, Piolín, Burt Simpson, una Supernena…, metidos en sobres que contienen las instrucciones de uso del juguete en un par de idiomas. Todo tiene un aire de encantadora sencillez artesanal y reciclable. Hasta el precio acompaña para hacer convincente la oferta. Es algo que mi mujer definiría como “una monada”, siendo monada un tipo de objeto que dan ganas de comprar, independientemente de su valor de uso y hasta de si su funcionamiento es acorde a las leyes de la física, tema que, por otro lado, conozco bastante 
imagemal.  Me coloco a unos cuatro metros de distancia y no dudo en hacer una foto del conjunto (Foto n.2), de la que consigo excluir al titular del negocio, un poco por miedo a que se moleste y otro poco por mi lejana experiencia con otro de estos bailarines de papel, Mickey mouse, hace entre quince y veinte años, si mal no recuerdo.
Me coloco a unos cuatro metros de distancia y no dudo en hacer una foto del conjunto (Foto n.2), de la que consigo excluir al titular del negocio, un poco por miedo a que se moleste y otro poco por mi lejana experiencia con otro de estos muñecos, Mickey mouse, hace entre quince y veinte años, si mal no recuerdo.

                             

                                                                           (Foto n. 2)
Foto1742
Me explico. Íbamos un día mi mujer y yo de paseo veraniego por Conil de la Frontera cuando vimos a uno de estos bailarines de papel. Nuestra hija era entonces muy pequeña y pensamos en la ilusión que le haría ver bailar a Mickey mouse casi por arte de magia. Seguramente, aunque todo hubiera ido como debía, ella no habría sentido como nosotros la seducción mágica, pues por entonces tenía unos cuatro años y tanto le daba si los muñecos bailaban a empujones como si lo hacían telecomandados o pidiéndoselo por favor, porque para divertirse le bastaba que los 
malditos bailaran. Miento, era una niña sensible e intuíamos que sabría apreciar la sutileza y
exquisita
Foto1743precariedad del curioso juguete casi milagroso. El ingenio de su creador nos había obnubilado hasta el punto de que antes de comprarlo ni siquiera nos planteamos cómo era posible que funcionara. Los escasos conocimientos técnicos que poseemos también debieron de influir para hacernos creer.
Llegamos a casa, montamos el tinglado varias veces, desde el principio con la niña delante, y nada de nada, el cisne no volvió a bailar, aunque el radiocasete seguía cantando. Yo, por entonces, aún creía en los derechos del consumidor, venta ambulante incluida, y pensé en ir a reclamar, quizá incluso lo hice, no recuerdo. Mi hija debió notar nuestra excitación al montar el tingladillo y escoger la música y cómo en silencio apagamos la música después de varios intentos de dar vida al Pinocho de papel. “No pasa nada, no pasa nada”, supongo que diría yo, con el rebote por dentro. Pero no sé si ella sintió lo mismo, el ridículo de sus padres. Seguramente, pasó página al instante, ajena a nuestro exagerado abatimiento.
Había algo desconcertante en el desencanto que sentíamos. Hubiéramos querido que nuestra hija participara de la magia que habíamos visto por un instante, una magia que, sin embargo, dependía de la seguridad de que había gato encerrado, pero el gato de las maravillas. No caíamos en la cuenta de que su mundo infantil era de forma natural, sin tantas alharacas, un mundo lleno de hecho extraordinarios, inexplicables. Hoy siento que al paraíso o al infierno de la infancia no se puede volver más que a medias, con un ojo tapado y el otro bien abierto y no con los dos como platos y la boca abierta, que es como habíamos quedado al ver al  primer bailarín mágico. Seguramente, el timado se suele recuperar anímicamente en seguida, porque comprende que su error se basaba en una inocencia impropia de su edad o condición. A menudo, nos engañan tanto como nos dejamos engañar. De todos modos, queda el hecho de que lo prometido, sea o no sea verdad, era hermoso, por eso se siguen vendiendo esos papelajos con hilos.
Una hora después de la primera foto (Foto.2), poco convencido del resultado, volví al mismo sitio y pregunté al  vendedor si podía tomar otra imagen de Bob desde más cerca. Me preguntó que para qué la quería y me señaló que hacía un rato ya había tomado otra. Me chocó que lo recordará, porque pensaba que ni se había percatado de mí al hacerla, pero me dijo que la venta ambulante estaba prohibida y que tenía que tener cuidado. Le expliqué que no tenía nada que temer y que, además, a él no iba a sacarle en ningún sitio. Para mis adentros, pensé que no podía tratarse de un timo, porque un timador levanta el campo en seguida y no se expone a que a su víctima le dé tiempo a volver de casa a sacarle los ojos. De todos modos, esta vez no compré el muñeco. Mi hija tiene ya casi veinte años y no quería exponerme a nuevas dudas sobre mi manejo del radiocasete y mucho menos a otra desilusión.

17 comentarios:

  1. Si no fue un timo fue una obra de caridad.
    Yo (y mi marido también, pero no se acuerda!) fui a reclamarle a la gitana que me vendió el artilugio , pero ya había puesto pies en polvorosa. Seguramente nosotros y algún otro ingenuo fuimos los únicos que nos creímos los efectos espasmódicos de la música en los miembros del muñeco y como, la verdad, era una monada, pues no quedaba más remedio que intentarlo en casa. Por qué no iba a funcionar si en plena calle funcionaba de maravilla?
    Así que a la rabia que me dio ver que ni subiendo el volumen, ni poniendo la música en el jardín, el Mickey aquel bailaba, se le fue sustituyendo con el tiempo la aceptación del hecho de que tampoco fue para tanto y que incluso tuvo gracia.
    Pero todavía hoy no sé por qué bailaba el Mickey de la gitana y el mío no!

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  2. Ohhh! Soy una chica de 25 años, he llegado a su página por casualidad buscando algo de información sobre los famosos muñecos de papel bailarines. No conocía de nadie que también le hubiera pasado!! Hace tres años compré un Mickey y una Minnie con mi madre, en un puente de Roma. Quedamos fasinadas por la gracia de los muñequitos bailones, parecía algo increíble, pero después de ver la magia con la que Miguel Ángel pudo pintar la Capilla Sixtina uno no se pregunta tan detenidamente cómo pueden bailar unos muñecos de papel!! al son de la.. música?? Uno se deja llevar.... :(
    Tras la consiguiente decepción al volver a casa, quise conservarlos, por recuerdo, un poquito de esperanza....en fin, hoy he vuelto a encontrarlos entre las páginas de un libro. Y ya segura estoy de que aquello fue un timo.
    Al menos al recordarlo me río...

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  3. Te había escrito una respuesta más larga que no he conseguido publicar por fallo del ordenador y se ha perdido.
    Te decía que, por lo menos, éste es un hermoso timo que no se basa en la codicia del timado, en su falsa inocencia, como ocurre, por ejemplo en el tocomocho. Pero que deberíamos habernos contentado con ver a los muñecos bailar y recordarlos como una especie de espejismo. Nos perdió el deseo de reproducir el milagro. En el momento de pagar el encantamiento se deshizo y el joven aprendiz de brujo que los vendía pasó a ser un timador y nosotros unos abusones interesados. No superamos la prueba del instante mágico, nos convertimos en turistas japoneses que quieren atesorar lo visto en lugar de verlo. Más hubiera valido conservar el recuerdo y sobre todo la duda. Tú al menos te ríes cuando los encuentras entre las hojas de un libro. ¿Cuál es, por cierto, de economía o de literatura?
    Gracias por el comentario.
    Javier Brox

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  4. Muchísimas gracias por tu mensaje, y ante todo, perdón por la tardanza, pero no conseguía encontrar la página de nuevo, ya que la encontré por casualidad y no recordaba cómo se llamaba :O

    En efecto se trata de un timo, y es verdad que no se basa en la codicia del engañado sino en su ilusión...pero lejos de verlo como un drama, lo recuerdo con alegría (y un poco de vergüenza...) por darme cuenta de lo que nos puede llegar a cegar muchas veces una ilusión disparatada e irracional.
    Es ciertamente ridículo que quisiéramos llevarnos la magia a casa a trompicones, pero precisamente ahí reside el encanto! si nos hubiésemos parado a razonar...qué hubiera sido de nosotros, pobres humanos, descreídos de todo, sin capacidad de asombro ni por un instante??

    Firmaría por volver otra vez a Roma, y dejarme engañar como una tonta, para luego volver a reírme en casa de mí misma!! por otra parte, no me importó ser engañada por unos timadores que han de buscarse la vida porque a ellos les engañaron antes, quizá mucho antes de nacer...o cuando alguien les prometió en Europa una vida que nunca han de poder alzanzar...

    Por cierto, el libro era de literatura!!! como no podía ser de otra manera... ;)
    Mi Mickey de papel fue a parar concretamente entre las páginas del Lobo estepario, casualmente ahí donde se pierde la realidad con el sueño...

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  5. Pues, sí, la verdad es que es un timo que no ofende. Más que despertar mala leche provoca alegría o, por lo menos, melancólicas reflexiones. Y también tienes toda la razón en lo que dices del timador. Acepto ese desquite de quien creyó que iba a mejorar su vida y se ve condenado a malvivir por la calle. Además, la ilusión que provoca vale más de los tres euros que cuestan los muñecos. A ti seguramente te duró todo un viaje desde Roma a España.
    En fin, que, para seguir con el tono literario, dan ganas de decir, como decía Lorca, que este timo es "mancha que limpia".
    Mi Lobo estepario queda demasiado atrás. Solo vive el vago recuerdo de un adolescente que busca y la portada de la edición de Alianza, una imagen en blanco y negro que a simple vista no conseguía descifrar.
    Te mando un par de enlaces romanos de este blog, por si quieres echarles un vistazo:
    http://holdontightmarie.blogspot.com/2010/05/evocacion-del-panteon-la-fiesta-de.html
    http://holdontightmarie.blogspot.com/2009/11/el-rincon-del-reportaje1-roma-por-los.html

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  6. Que bueno.Yo ví como un tipo le compraba todos los que le quedaban al vendedor.El truco estaba en ese hilo unido al casette,que joio.Alguien ha probado la tecnica?

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  7. Pues mi hilo era como de coser. Quizá el suyo era especial. El que se llevó todos los que quedaban querría montar un guateque, pero seguramente los invitados se tuvieron que limitar a charlar entre ellos.
    Gracias por el comentario.

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  8. Eso es una puta estafa.

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  9. Sin duda es un timo, tanto más porque lo que promete tiene mucho encanto.

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  10. Hoy lo he comprado en Toledo y cuando he llegado a casa eso no bailaba de ninguna manera. Aquí está la explicación:

    http://www.youtube.com/watch?v=qIzU26ldGIg&NR=1

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    Respuestas
    1. No he entendido casi nada de lo que explica. Parece que el efecto baile tiene que ver con unos imanes. En realidad, yo creo que hubiera comprado los muñecos aunque me hubiesen dicho que se movían por imanes. El problema es que llegas a casa y no se mueven ni a la de tres. Mirando los comentarios parece que es un timo con hondas raíces europeas.
      Gracias por el comentario.

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  11. jajaja... que de tonterias se dicen a veces.. imanes?? calor? frio? jaja.. el timo no es otro que en el casette hay un motorcito dando vueltos y moviendo el hilo.. fin de la historia.!

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  12. Calor ilusionado es que lo hay en la cabeza de quien se deja engañar.
    Gracias por el comentario y saludos.

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  13. La verdad me interesó mucho sus comentarios, yo soy de Bolivia y me acuerdo aver visto en mi pueblo la misma cosa, tal como explican; unos muñequitos q bailan con con una musica de radiocasettera, pero era aquellos años x 1995 y es cierto q atras de muñeco tiene una cosa negra, pero no es un chip nada q ver, puede ser un metal pero no puedo espesificar pero me imagino q lo controlan con eso. Pero no tiene hilos,solo eso keria agregar

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  14. Tal vez sea la ilusión que, afortunadamente aún conservamos, la que a veces ciega a la lógica y nos dejamos llevar por ella. Posiblemente yo también hubiera picado, y, tras ver que el artilugio no funciona me hubiera consolado al pensar que ese día el hombre había sacado, al menos, para un triste bocadillo.
    Si le hubiéramos preguntado, antes de comprarlo, como funciona...o quizás no lo hacemos por miedo a parecer tontos... Soy preguntona, como bien saben los que me conocen, aunque seguramente lo hubiera comprado por lo simpático que parece (total la pérdida económica no era mucha ). Un proverbio chino dice : más vale parecer tonto cinco minutos por preguntar que serlo toda la vida por no hacerlo.
    Coincido con el encabezamiento ¿ y si aquello no fue un timo?

    Por cierto, mi hijo va a Conil de la Frontera en verano, desde hace unos cuantos años.


    Saludos

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    Respuestas
    1. Grandes verdades. Conil fue un paraíso. Las últimas veces que he estado había crecido desmesuradamente.
      Gracias por el comentario

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    2. Se me olvidó añadir la respuesta a esta especie de acertijo y creo que es porque estoy en el Ecuador, o más, de la vida y he llegado a ello sin enterarme.
      Gracias por la atención y respuesta

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